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soniego300Por Sonia Alea
María, Madre nuestra,  

Volcamos hacia ti nuestra plegaria  en este día de la Inmaculada Concepción y en todos los días de nuestra vida; 

a ti candor sublime, ternura infinita, 

a ti que has tenido en Tu regazo a nuestro Señor, Jesús Cristo, el Rey de los universos, dándole a la Luz, con los dolores del parto, en una humilde gruta de Belén, trayéndole a nosotros, indignos de tanto amor, y acompañándoLe durante la infancia, la adolescencia, la predicación y la Cruz. 

¡Cuánto dolor en tu corazón María! Tus labios están todavía manchados de la Sangre de Tu  hijo que aún hoy, continúa siendo crucificado en los estragos de inocentes y en la violación de Tu cuerpo planetario, la Tierra, nuestra genitora. 

CalicePor Sonia Alea

Pasan los días, los meses, los años, uno tras otro y aquí estamos aún con nuestro bagaje en los hombros, tratando de vivir esta vida de la mejor forma posible, intentando superar las dificultades y las limitaciones. Al mismo tiempo algunos seres queridos nuestros se han ido a mundos lejanos y muchos niños nos han alegrado con su bendito nacimiento. Nos hemos convertido en adultos y nuestro ímpetu apunta a las generaciones venideras, a nuestros hijos, para que ellos puedan seguir siendo libres de las jaulas de este mundo, estando listos para vivir el futuro que esta por llegar.

Nuestra vida jamás ha sido “normal”, como la del resto de la humanidad, o de gran parte del resto de la humanidad. Nuestra vida ha sido tocada, marcada a fuego con un sello, un sello encierra en sí mismo una Obra increíble que hoy en dia está recogiendo sus frutos en nuestros jóvenes que, con su pasión artística, son la voz de este tiempo que grita en contra de las injusticias del mundo dándole voz a quienes no la tienen. Una Obra colmada de mensajes que abarcan un conocimiento cósmico de valor universal.

piesPor Sonia Alea

“Y estando las puertas cerradas, Jesús vino y se puso en medio de ellos, y dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Acerca aquí tu dedo, y mira mis manos; extiende aquí tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Respondió Tomás y le dijo: ¡Señor mío y Dios mío! 29Jesús le dijo: ¿Por qué me has visto has creído? Dichosos los que no vieron, y sin embargo creyeron” (Juan Cap. 20, 26).

¡Por siempre y solo contigo Señor!

En el torbellino de los pensamientos, en el tumulto interior de la duda, de la inseguridad, se agitan sensaciones, emociones, sentimientos encontrados.

Es la pasión del hombre que en su pequeño Getsemaní lucha en contra de sí mismo y en contra del susurro de su antiguo enemigo. Cae, se levanta, combate en contra de esa parte oscura que pretende que siga siendo prisionero de sí mismo, esclavo de la materia, súcubes de los sentimientos egoistas que nos impone la naturaleza humana en contra de las leyes del Espíritu.