giorgiodesdelaluz200DEL CIELO A LA TIERRA

¡HE VISTO EN SUS OJOS LA BELLEZA, LA TERNURA, LA FUERZA, EL DESEO DE AMAR Y DE SER AMADA!
¡HE VISTO EN SU SONRISA LA ALEGRÍA DE VIVIR Y DE SER UN ESPÍRITU LIBRE!
HE VISTO EN SU CORAZÓN TRISTEZA, SUFRIMIENTO, MIEDO DE NO LOGRARLO. ¡LLANTO Y AMARGURA!
HE VISTO EN SU ALMA, BELLÍSIMA Y REBELDE, LA FE EN LA OBRA, EN LA VERDAD Y EN CRISTO.
LA HE VISTO CAER Y LEVANTARSE.

LA HE VISTO PERDER EL SENTIDO, Y REACCIONAR CON RABIA, FUERZA Y SENTIDO DE MUJER.
LA HE VISTO Y LA HE SEGUIDO DESDE LEJOS POR UN TIEMPO. LUEGO ELLA HA VUELTO DONDE MÍ, DONDE NOSOTROS. CON SU LUZ Y CON LA VICTORIA SOBRE LA MUERTE Y EL SUFRIMIENTO.
UN DÍA LEJANO EN EL TIEMPO LA VI DESMORONARSE FRENTE A MIS OJOS, EL DOLOR DE SU CUERPO IMPACTÓ MI ESPÍRITU Y ENTONCES POR AMOR Y SÓLO POR AMOR COMPUSE ESTA MÚSICA: “EL SUFRIMIENTO DE VIRGINIA-LOVE”.
¡ESCUCHADLO Y OS SENTIRÉIS INVADIDOS POR EL AMOR SIN CONDICIONES!
DESPUÉS, LEED LO QUE HA ESCRITO ESTA MUJER Y APRENDED. ¡APRENDED DE LOS HUMILDES, DE LA BELLEZA, ¡DE LA FE Y DEL AMOR MÁS GRANDE DE TODOS LOS AMORES!
GRACIAS VIRGINIA, JOVEN CRIATURA AMADA POR EL SOL.
¡QUE LA PAZ ESTÉ CONTIGO!
¡CON AMOR UNIVERSAL ADONIESIS!
POR BOCA DE MI SIERVO.

PLANETA TIERRA
16 de Enero 2021. 15:20 horas
G. B.

El día que vi en un hombre al Cristo y las Señales de la Cruz.
De Virginia Olivera

Lo que voy a relatar ahora es una experiencia que viví en noviembre de 2017, en un encuentro de arcas en Montevideo, Uruguay.
Ese día tenía una mezcla de ansiedad con temor, ya que era la primera vez después de tantos años que compartía con todos los hermanos. Por mucho tiempo estuve lejos de la obra y estar de nuevo, compartiendo todos juntos, era algo muy especial para mí, muy significativo.
Todavía tenía ese sentimiento de culpa a nivel interno. Enfrentarme a Giorgio y mirarlo a la cara era enfrentar mis errores, y al propio Cristo. Tanto tiempo estuve pensando en cómo iba a ser todo cuando volviera… Por tantos años deseé volver, que ese momento lo sentí como una prueba de fuego.

Llegó el momento de la comunión. Giorgio nos indicó que hiciéramos una fila, a la cual me sumé. Al principio no sentí nada especial; como siempre la música te compenetra y te lleva a otro lugar, pero nunca pensé que me fuera a pasar algo así. Nunca pasó por mi mente, o me lo hubiera imaginado jamás. El ambiente se hizo más y más sensible, en todos los aspectos. Todos nos íbamos compenetrando con lo que sabíamos que iba a suceder, y haciéndonos conscientes de su trascendencia.
A medida que nos fuimos acercando, comencé a pensar en mi alejamiento de la obra, ya que era la primera vez que iba a tomar la comunión después de haberme ido por tanto tiempo. Al acercarme más y más, empezó a crecer en mí un sentimiento de tristeza, y hasta de vergüenza. Pero sobre todo creo que lo más fuerte fue la culpa, sentir que le fallé a Giorgio, ya que él me había indicado en el pasado cuál era mi misión: estar a su lado, acompañándolo en su camino, y luchar junto a él.
En el transcurso del tiempo los minutos pasan, al igual que nosotros que seguimos avanzando, y de a poco los que comulgaron se fueron alejando, compenetrados con la situación. Así, hasta que quedan dos personas delante de mí. Y no pude aguantar más las ganas de llorar. Tanta angustia y tristeza reprimida durante tanto tiempo… tanta distancia, y siempre con el sentimiento constante de haber fallado. Los había abandonado a todos por haberme dejado ganar por la materia en un momento de tentación.
Pero como siempre, el Padre es tan grande y maravilloso, que todo lo sabe y escucha. Hasta en lo más mínimo que nosotros ni nos imaginamos Él está ahí, pendiente, escuchándonos, viéndonos. Y así fue como sin darme cuenta llegó mi turno, y me encontré frente a Giorgio.

Recuerdo que no me daba la cara para mirarlo a los ojos. Tenía una mezcla de sentimientos y sensaciones, y solo lo abracé y me largué a llorar desconsoladamente. Por dentro pensaba “Dios, perdóname, perdóname, te fallé”. Él me contenía, hasta que en un momento me alejó y me dijo “has sido perdonada, has renacido nuevamente”. Pero en ese momento ya no era solo Giorgio el que hablaba, porque al mismo tiempo que veía a Giorgio, veía al Cristo, dentro y fuera del cuerpo de Giorgio. Estaban ambos en el mismo cuerpo, por momentos uno y por momentos el otro, y lo veía de forma muy clara. Empecé a sentir un calor inmenso en mi cuerpo. A Cristo lo vi con pelo castaño casi rubio, sus ojos eran claros y cristalinos, y su mirada piadosa y tierna con un brillo especial; era alto -quizás hasta un poco más que Giorgio-, esbelto, el pelo le caía sobre los hombros. Su sonrisa resplandecía… un ser de otro mundo. Recuerdo que se me aflojó todo el cuerpo, se me aflojaron las piernas… Giorgio intentó sostenerme pero no pudo conmigo, y dos hermanos me sostuvieron para no caer al piso.

Quedé en un estado de shock. En ese momento vi pasar toda mi vida por delante. No podía parar de llorar. Sentía mucha vergüenza, pero había sido perdonada. Sentí que había cerrado una parte del libro y empezado de cero… se me había dado una nueva oportunidad. La sensación de amor y piedad fue tan maravillosa, tan grande, como solo nuestro Padre Celestial nos puede hacer sentir.
Ese día fue lo que hoy veo como el comienzo de mi renacer.

Virginia Olivera, 14 de enero de 2021