cabezal
logo introduccion 2
Pin It

yaguar1Por Agustín Saiz

El hombre emerge en el proceso evolutivo como síntesis cósmica. El pueblo Guaraní es el receptáculo donde confluye la selva. En el pudor de una noche, el Yaguar ronca bajo la penumbra. El haz de luz de la luna lo desnuda escondido entre las ramas del árbol. Por debajo, el ultimo anciano líder, o mburuvicha (*1) camina encomendado al gran espíritu. Solo así puede abrirse paso entre los miles de brazos serpientes que cuelgan de cada árbol de la selva. Y avanzar entre las ramificaciones de su gran cerebro sin modificar la idea primogénita. En cuanto la interrumpa, será puesto a un costado del camino. La selva es amable siempre. Aunque muchos se confundan y crean ver en ello hostilidad, pierden de vista que es omnipresente y no pueden dimensionar la potencia de su Amor creativo. Manifestado en el constante fluir de las formas, la vida anímica de todas sus criaturas, es regida en silencio, protegida, por fuera del alcance del hombre.

Al anciano lo moviliza la ansiedad y el miedo. La unidad cósmica de su ser está a punto de romperse y con ello se perderá por siempre la singularidad de su pueblo. El gran espíritu lo sabe. Le permite el paso y sonríe. El pensamiento que lee en su interior es en realidad su propia voz que se revela en el inconsciente. Y que como una gota de agua que cae a orillas del rio, se refleja generando ondulaciones sobre la superficie. Dice: "El ciervo de los pantanos no está, el venado de las pampas no está más, el guacamayo colorado tampoco, la nutria y el lobo ya desaparecieron del monte... tenemos la edad de la Tierra, del Sol, de la Luna, con nosotros nació Abya Yala y sin nosotros morirá... que no nos llamen mas indios, no la nombren mas a la tierra como América, somos habitantes originarios del continente, nacimos como los pájaros despliegan sus alas al viento, somos libres como el agua de mar, de rio y de lluvia... no, no somos hijos de Colon, ni de América... Nuestro padre es Ñamandu y nuestra madre la Tierra, la Selva, la Naturaleza, llámennos por nuestro nombre, somos Abya Yala, somos Guaraní..." (*2)

Atraviesa la selva sin tiempo, en el medio de la desolación el fuego continua iluminando la línea del horizonte. Los ruidos de las 4x4 y los disparos de los salvajes ebrios que la conducen se escuchan de fondo. Es un largo y penoso peregrinar. Los hermanos de su pueblo se han transformados en sicarios. Sustraídos de la selva, están perdidos. Y la violencia es la manifestación de no tener rumbo. Beben y ríen exageradamente. También disparan, violan y matan. Experimentan un goce sin sentido cuando la voluntad del poder que los subordina los atraviesa instrumentando los cuerpos. Es siempre temporario, mas tarde o temprano dejaran de ser usados. Cuando recuperen la conciencia, sobre el final lloraran sin consuelo.

Llegando a un nuevo paraje, antes del amanecer, Sepe Tiaraju (*3) estará montando su caballo para liderar una nueva insurgencia. Es el siglo XVIII o el XXI. Es indistinguible. No interesa. El conflicto se repite en un fractal por fuera del tiempo, que no decae nunca. Un Aguara Guazú (*4) se acerca trotando y se asoma entre los arbustos. En lugar de atacar, la voz de la selva vuelve a hablar: "la guerra durara 6 años, será una masacre, exhaustos no sabrán que mas que hacer, buscaran alianzas con los charrúas y guenoas de más al sur. Desde tiempos anteriores venían sufriendo las incursiones de los bandeirantes paulistas. Sepe Tiarayu es uno de los que había podido sobrevivir a las últimas masacres. Eran verdaderas cacerías de indios guaraníes que los portugueses realizaban a fin de capturarlos y venderlos como esclavos en las plantaciones de caña de azúcar, en las minas o para el trabajo en la agricultura… Esa guerra durara seis años pero le sucederá otra, Tiarayu será muerto de un balazo, vendrá su hermano, darán batalla y volverán a replegarse en los montes para recuperar las esperanzas y resguardar las pocas chances que van quedando para sobrevivir..." (*5)

Antes de alcanzar la ciudad, las filas de personas son tan largas que se parecen a un hormiguero. Avanzan a paso cansado en una caravana interminable. Huyen de la abominación que se enquistó en el amazonas. Casi como en el exilio bíblico de la torre de Babel, no pueden usar la palabra. Si lo hacen son identificados e inmediatamente capturados. En las escuelas o iglesias serán reeducados por la fuerza bruta. Las instituciones de la modernidad cumplirán el rol de normalizarlos. Pero si no lo hacen y callan, pierden el alma igual. " el alma se transforma en palabra - Ñe´¨e significa palabra y también alma, cuando te doy mi palabra te doy mi alma, esta es mi palabra, este soy yo, mis palabras son mis raíces, es lo que soy y he sido, cuando escuchas mis palabras mi palabra te habla, palabra que nace, crece e ilumina el fuego de la vida, encienda la llama del conocimiento, alma y palabra son inseparables, son uno solo, porque las palabras son almas...".(*6) El hombre blanco es un perverso caníbal, se revuelca en orgias y ritos paganos. Sus dioses desatan anillos de fuego que se extienden y arrasan con la tierra dejándola estéril. Los que pueden huir, se transforman en las calles de la ciudad en niños mendigos, que sobreviven el día anestesiados por la droga. Con suerte cuando crezcan se les ofrecerá ser obreros en las fábricas que refinan los productos que extirpan en el interior del Paraguay. Caso contrario sobrevivirán como puedan. Vivirán de limosnas e incursionaran de vez en cuando en la delincuencia. Pondrán hermano contra hermano. De vez en cuando volverán a orillas del Paraná a pescar y comer alimentos contaminados. Todos los frutos de la madre tierra, incluidos el maíz y el trigo, están vacios en esencia e infectados. Son los vehículos de la pestilencia que llega hasta las bocas de los famélicos supervivientes que los ingieren. El demonio del hombre blanco les tiene completamente encadenada el alma.

El anciano Guaraní se arrodilla y tendido sobre la tierra roja de Paraguay abre sus brazos. No se atreve a reclamarle nada al Sol. El cuero de su cuerpo es un libro que relata la historia de sus antepasados en cada uno de sus poros y cicatrices. Sin saberlo, el testimonio de su pueblo estuvo siendo leído a cada paso, durante siglos y generaciones. Finalmente, el cuerpo agotado cae como una última ofrenda. Pero nada ha quedado en el olvido. Con la luz de los primeros rayos de un nuevo amanecer, los hijos del yaguar serán todos restituidos a su Madre la selva, uno por uno. Todo ha sido un sueño. Un largo y terrible sueño al fin. Un martirio y una cruz. Con los primeros rayos de la mañana, el cuerpo del pueblo Guaraní renacerá. El fuego del gran espíritu volverá alumbrar el firmamento durante la noche oscura y brillara en el cosmos. Ñanamdu seguirá sonriente. Tal vez siempre supo, que es imposible que su estrella dejase de brillar. Recogerá toda la sangre de sus hijos y volverá a soñar con un anciano que escapa en la noche, en el medio de una selva perdida y olvidada… que algunos llaman Paraguay.

En memoria de Pablo Medina.

Agustín Saiz

6 de octubre 2019

yaguar

(*1) Jefe o cabeza de la comunidad (En Guaraní)

(*2) Los hijos de Colon (Marcos Ybañez) página 21 (versión libre)

(*3) Sepé Tiarayú fue un caudillo guaraní de las Misiones Orientales que actualmente es considerado un santo popular en Río Grande del Sur, Santa Catarina y la provincia argentina de Misiones.

(*4) Aguará guazú o lobo de crin, es un cánido autóctono de las regiones de espesuras y pastizales del Chaco de la Argentina y Paraguay.

(*5) Los hijos de Colon (Marcos Ybañez) página 181 (versión libre)

(*6) Los hijos de Colon (Marcos Ybañez) página 22

DVD - BOLETINES - LIBROS

unalagrima2

 

boletineslink

LIBROS

elretorno humanidadtapa

 
 TAPA100 TAPA LIBRO laira
 

 libroicontattiuniti139

SITIOS AMIGOS

220x130_mystery

ban3milenio

ILSICOMOROA

bannersitoarca

SITIOS RELACIONADOS