cabezal
logo introduccion 2
Pin It
Libertad1

Por Erika Pais
La vida, eterna evolución que nos arrastra hacia caminos predispuestos. Caminos desconocidos que vamos saboreando lentamente, procesando instintivamente desde el interior de cada uno.

Nuestros sentidos se ofrecen para hacer de esa experiencia una explosión constante de humanas experiencias y deseos, pero también de forjadores perennes de la base donde se apoya el espíritu que lucha por manifestarse.

La libertad Es cuando no la atas, cuando no le das forma ni estructura, la libertad fluye cuando la sorpresa te alcanza, pero gozas con eso. La libertad solo puede Ser cuando no la escribes, no la dogmatizas, no le pones límites, no le pones lógica, cuando te fundes con ella y el tiempo, cuando no la plasmas en un libro “sagrado” sentenciándola a morir lentamente. La Libertad Es cuando casi no la puedes identificar, se te escurre entre los dedos, la hueles, la escuchas, pero se va. Y la Verdad nos hará Libres, por todas estas cosas…

Creo que todos de una manera u otra éramos casi conscientes de que la Obra tomaría un giro brusco. Todos éramos testigos del cambio casi imperceptible que nuestro amigo y hermano iba moldeando, con el amor mas grande de todos los amores. Ríos de tintas y palabras nos advertían desde hacía varios años que luego de muchas pruebas y señales la Obra se manifestaría en su mayor expresión, justo en su ápice. Una Obra construida desde el éter de los tiempos que desciende a la Tierra para invitarnos, a través de aquellos señalados por el Padre, a sentarnos a Su mesa.

Una Obra tan generosa y empática que permitía a cada uno poder interpretarla y vivirla, disfrutarla de acuerdo a su libre interpretación.

Siempre bajo los ojos amorosos y Justos de quien la encarna, nuestro Amado Giorgio, pero con la benevolencia con la que un padre permite a un hijo manipular un objeto casi a su antojo.

Y fuimos muchos los rescatados, muchos los que volvimos a respirar, recordar, saborear el néctar de la pasión Crística.

Muchos los que nos transformamos en instrumentos de difusión, en testigos de cada milagro que se manifestaba en el cuerpo de nuestro amigo y en la Obra misma. Fuimos cientos los que presenciamos el trabajo incansable y ejemplo inigualable que Giorgio regalaba cada día. Y otros tantos los que íbamos comprendiendo que nada es estático, nada humano es absoluto y que somos el reflejo fiel de aquello que tenemos dentro.

Que el tiempo, siempre que tengamos la fe suficiente para esperar, nos demostraría día a día como todo tiene su porque, su cómo, su cuando y que es perfecto.

Muchos aprendimos que tan importante es vivir la Libertad y más importante aún comprenderla, pero que una vez que saltas hacia ella, el vértigo que sientes al “caer” te susurrará la Verdad al oído.

Nosotros, adultos, cientos, jóvenes de ayer, revolucionarios de entonces que nos fueron enjaulando poco a poco, bajándonos los puños apretados que alzábamos en señal de Justicia, educándonos para que podamos ser parte de esta sociedad enferma, cansados pero con la ilusión del cambio encontramos nuestro espejo. Descubrimos nuestro oasis en Aquel que grita en el desierto. Y decidimos caminar junto a él, porque solo así nuestros anhelos permanecerían intactos, solo con el podríamos tener la ilusión de que un día esta Tierra sería bellísima.

Solo con el seguiríamos hablando de Amor, de Justicia, de Paz, de Igualdad, del Cristo y de Revolución. Intuíamos que, a su lado, palabras como “lucha social”, Perdón, Reconstrucción, Denuncia, Hombre nuevo, Tierra Nueva, Igualdad, seguirían siendo música para nuestros oídos.

Y durante años caminamos a su lado, viendo como poco a poco la vida, el mundo le iba consumiendo el físico, poco a poco lo veíamos envejecer en el cuerpo pero siempre, absolutamente siempre con el temple más grande en su espíritu. Lo veíamos morir y renacer cada vez que sanguinaba por nosotros, lo veíamos gritar hasta el cansancio cada vez que tenía que grabarnos a fuego la metodología crística y hablar en un dulce susurro y emocionarse hasta las lágrimas cada vez que nos hablaba del Maestro de todos los Maestros.

Ese Giorgio con el que vivimos todo esto y mucho más, ese Giorgio que honrábamos y amábamos, el mismo que nos daba tareas, responsabilidades, abrazos, besos, el mismo que nos confió esta Obra, Su Obra, es quien hoy nos invita a librar la última batalla.

Que quizás no se parece a la que muchos idealizaban, quizás se aleja de una imagen cuasi romántica que teníamos dibujada en nuestros pensamientos lógicos. Pero es el mismo Giorgio de ayer que hoy en una vuelta de tuerca magistral, nunca ideada ni por el escritor más grande de todos los tiempos, el que se pone delante de todo y de cada cosa, asumiendo El, nuevamente, una responsabilidad que quizás el Cielo hubiera esperado que saliera de nosotros espontáneamente.

Y lo vi rejuvenecer y lo vi volver a reír, a bailar, a cantar, lo vi realizar el milagro más grande de toda la Historia de la Obra, enamorar a los jóvenes con la Sangre del Cristo. Vi a un chico prometerle el no volverse a drogar y querer ser “un gladiador” para el Padre. Lo vi hoy como ayer, Obrar, simplemente Obrar apostando el todo por el todo y subiendo la vara de la elección.

Vi una fila de más de 40 jóvenes queriendo recibir el pan y el vino de sus manos y vi dos jóvenes sosteniendo ese pan y ese vino.

Vi en el espíritu libre de esos chicos puros, tiernos, muchas veces víctimas de nuestras incomprensiones la Libertad expresada en toda su extensión y la Verdad salir de sus bocas. Representadas en magistrales escenas teatrales, en la alegría de encontrarse, en la ilusión de las miradas cuando observaban a Giorgio organizarlos, hablarles, guiarlos. Y en un segundo precioso sentí el perfume de la Libertad, el mismo que podía sentir 20 años atrás y todo lo que antes comprendía intuitivamente se plasmó espiritualmente.

El espiral de la evolución me alcanzó por un segundo dibujándose con brillantes e inexistentes colores. Ellos, los chicos, son nosotros en el pasado y nosotros seremos ellos en el futuro.

Y lo vi a él, el mismo Maestro de tantas generaciones, eternizándose en ese acto profundo, simbólico, sublime, único, crístico. Fui testigo de ese gesto profundamente místico y espiritual de presentar frente a nosotros, necios, la Verdad que siempre estuvo allí para ser tocada, besada, abrazada, exaltada. Una gran águila que empuja a volar a sus aguiluchos, los empuja del nido hacia el vacío, con la certeza de que tienen dentro de si todo lo necesario para poder volar más alto aún que el mismo.

El viaje terminó pronto, Italia los espera nuevamente, pero el milagro ya está hecho, el pan ya está servido en la mesa, el vino está en las alforjas, el fuego está en nuestros pechos y sobre todo en el pecho de nuestros jóvenes. La luz está en sus ojos, nuevamente, la sonrisa en sus labios y la fuerza en su cuerpo renacido. El final está en las puertas, la Justicia está en la boca de estos muchachos que conmueven hasta las lágrimas y que en 40 minutos de actuación resumen 10 horas de conferencias y que arrancan lágrimas de esperanza a quienes, jóvenes, como ellos, comprenden que allí está el camino, la Verdad y la Vida.

El discernimiento está en nuestros corazones y la Libertad espera que saltemos hacia ella, imitando el salto de nuestros chicos. Ya está todo dicho.

La Vida, eterna evolución nos alcanza, una vez más…Y fuimos nosotros los rescatados.

Erika Pais.

4 de diciembre de 2018