cabezal
logo introduccion 2
Pin It
gabriel200Por Gabriele Monacelli

El 29 de octubre de 2018... por fin llega el día, hace meses que esperamos este día para partir para Argentina. Hace meses que imaginamos como podría ser allí arriba en los Andes, pensamos en las actividades que lleva adelante la Fundación Los Niños de San Juan, que conocemos sólo por fotos y por los escritos de Ramón Gómez, pensamos en cómo pueden vivir las personas a más de 3000 m. de altitud con falta de agua, comida y ropa, pero todo lo que imaginabamos no representa para nada la realidad que hemos vivido.

gabriel2Llegamos a Salta el 30 de octubre por la mañana, nos esperaban en el aeropuerto Ramón, su familia y dos voluntarios de la Fundación. Nuestro plan era comer en casa de Ramón en Salta e inmediatamente salir para los Andes ya que a Ramón le acababan de comunicar que había un camión disponible para llevar las cañerías de la red hídrica, en fase de construcción, a la comunidad Pacha Inti. Nos ponemos manos a la obra y cargamos los 1.400 m. de tubos para después descargarlos a las 21.00 cerca de las casas de la comunidad Pacha Inti en los Andes completamente a oscuras y después de 33 horas de viaje. Enseguida la realidad de la vida en ese lugar nos pone a prueba, aquí no hay horarios y las cosas tienen que hacerse cuando es el momento de hacerlas.

Los días que pasamos en Santa Rosa de Tastil, sede de la Fundación Los Niños de San Juan en los Andes proceden a un buen ritmo con muchas cosas por hacer. Descubrimos la cantidad de proyectos que lleva adelante Ramón con la Fundación, como la distribución semanal puerta a puerta de artículos comestibles, ropa, zapatos, pan, golosinas y juguetes a las familias y a las escuelas, la construcción de una casa para Jesús, un chico que se volvió minusválido a la edad de nueve meses y que ha vivido casi siempre en una casa completamente a oscuras, la construcción de un baño para Franco, un chico enfermo de distrofia muscular, y proyectos en curso como redes de distribución de agua a la comunidad Pacha Inti y a la localidad El Palomar, realización de un centro de primera asistencia sanitaria siempre en la localidad El Palomar, gestión de las relaciones con los donantes, conferencias en las que presenta sus actividades y otras cosas.

Las distancias son inmensas y los desplazamientos llevan mucho tiempo atravesando mesetas y montañas, subiendo y bajando en un paisaje que deja sin palabras, fascinador en todos los aspectos como la alternancia del color de la roca de las montañas que cambia del color rosa, al marrón, al gris, al blanco; las amplias mesetas, un lago dónde viven flamencos rosas, patos, grullas y muchos otros pequeños pájaros y las viviendas de las personas a las que ofrecemos ayuda, esparcidas en un territorio de centenares y centenares de kilómetros cuadrados llenos de rocas y cactus que predominan el paisaje de los silentes guardiánes de la tierra. Las personas que encontramos durante la distribución puerta a puerta siempre son gentiles y cariñosas, los niños nos reciben con alegría con sonrisas y abrazos. Todos son felices a pesar de que, por lo que vemos, no tienen nada y viven en condiciones al límite de la supervivencia.

Hacemos todo junto a la familia de Ramón, corazón de la Fundación, y a otros voluntarios locales. Todas personas sencillas y humildes que viven vidas extraordinarias.

La vida más extraordinaria es la de Ramón. A la edad de 18 años decidió dedicar su vida a los demás, preocuparse para que todos tengan lo necesario para sobrevivir, de hecho, a menudo repite que hace falta compartir lo necesario, no lo superfluo, es decir todo lo que tenemos, para que todos puedan disfrutar de ello. Ramón dejó su trabajo de carpintero para dedicarse completamente a la actividad de la Fundación. Nos habla de los primeros años cuando empezó, de las dificultades que pasó junto a su mujer Sandra y a sus niños pequeños y a pesar de todo siempre salió adelante. Por ejemplo, nos cuenta de su primera casa en Santa Rosa de Tastil donde sólo tenían un techo hecho con una chapa: ¡una tarde de invierno el techo estaba completamente congelado y Ramón bromeaba diciéndole a su mujer que nadie tenía un techo de cristal como el de ellos!

La vida de Ramón está completamente dedicada al trabajo de la Fundación, pero su obra no se limita al asistencialismo material, sino que es una obra de desarrollo social. Ayudando a las poblaciones y entregandoles los bienes primarios está en contacto con ellos conociendo así su cultura, sus exigencias y, haciendose cargo en persona, hace que estos puedan "pensar", es decir por ejemplo hace posible que puedan ir al colegio, a culturizarse y educarse socialmente ya sea como individuos que como comunidad. Tiene relaciones personales con todas las personas a las que ayuda, habla con ellos, les pregunta si tienen problemas y si puede ayudarlos, ayuda a los padres en la educación de los hijos, visita y consuela a los más ancianos que sin él estarían completamente olvidados en las montañas, escucha las necesidades de los maestros en las escuelas. Es decir que Ramón contribuye al crecimiento de las comunidades locales, haciendo que puedan crecer y desarrollarse en los lugares en los que han nacido respetando su cultura, sin alterar el equilibrio social. Ramón, además de esto, participa activamente en la vida doméstica de su familia. Durante la permanencia en su casa siempre ha estado listo para servirnos, cocinando el pan o preparando las comidas sin un instante de descanso jamás. Él es todo esto y mucho más, una persona extraordinaria que no duerme por la noche y piensa en los niños que tienen hambre y frío y que viven en las montañas olvidados por la sociedad.

Otra vida extraordinaria es la de Sandra, mujer de Ramón. Desde que se conocen ella ha estado siempre a su lado, respaldándolo y ayudandolo en todo y por todo en las actividades de la Fundación. Una persona humilde, solar, alegre y siempre disponible, entregada al servicio a los demás. Nos acoge en su casa sin hacernos faltar nada, cocinando continuamente para nosotros, nos trata como a sus hijos. Sandra administra un hostal que tienen en Santa Rosa, donde hay un pequeño restaurante y dormitorios para los que pasan por allí y que mantiene la economía familiar. Muchas veces ha ocurrido que durante la cena ella se divida entre cocinar para nosotros y para los huéspedes del hostal, sin que ni siquiera nos demos cuenta.

Ramón y Sandra, para la mayor parte de las personas que viven en la puna salteña, representan el único contacto con el mundo, la única asistencia social, la única esperanza para vivir decorosamente en los lugares donde han nacido, olvidados por una sociedad materialista y racista que no tiene ningún interés en que esas poblaciones se desarrollen y crezcan al paso del tiempo.

Ramón y Sandra representan el Evangelio en el mandamiento de ama a tu prójimo como a ti mismo. Son padre y madre de todos nosotros y de todos los niños de los Andes, acogen a todos en su comedor, el amor que emanan es increible y su energía se apodera de todos nosotros. Me siento muy identificado en la operatividad de Ramón, estoy en sintonía con él, lo siento en mi corazón. Él habla poco y hace mucho, siempre listo para ayudar al prójimo: "Cuando por la tarde el cuerpo está cansado el corazón es feliz" nos repite a menudo.

Durante nuestra permanencia en los Andes hemos conocido a otras dos personas que viven vidas extraordinarias y que son voluntarias de la Fundación. Esta pareja conoce a Ramón y a Sandra desde hace pocos meses, y en todo este tiempo dicen siempre sì a cualquier favor que se les pida para las actividades. Nos cuentan sus vidas y el rescate social que han tenido después de haber nacido en familias pobres como las poblaciones que estamos visitando, y ahora han logrado, con mucho esfuerzo y dificultades, abrir varias actividades comerciales. Él ha conseguido terminar el 5º grado de primaria y luego sigue trabajando en los campos por muchas horas al día, como hacen la mayor parte de los niños (otros se dedican a la ganadería). Durante la adolescencia, gracias a la ayuda, primero de un hermano y luego de un primo, consiguieron dejar los campos y desplazarse para trabajar en varias ciudades hasta que llegaron a una ciudad cerca de Salta.

Ella, después de vivir una infancia pobre, encuentra trabajo como ama de llaves, y se traslada a una ciudad cerca de Salta donde se conocerán los dos. Los primeros años son muy duros. Él trabaja como albañil y ella siempre como ama de llaves. Pero cuando se queda embarazada, le da fastidio a la mujer rica dónde trabaja y empieza a hacerle hacer trabajos pesados. Hay mucho racismo hacia los campesinos y ella se ve obligada a dejar el trabajo. A este punto deciden abrir juntos su primera tienda pero las cosas no van bien y les cuesta salir adelante. Viven en una casa sin techo con los niños pequeños y cuando llueve y nieva la situación es difícil de verdad. Pasan años duros, pero su amor y su fe son fuertes y no se dejan vencer. Su vida cambia completamente cuando una señora les cede su tienda en una zona frente a la carretera y las cosas poco a poco empiezan a mejorar. Trabajan duramente y abren otras tiendas, cada actividad que abren va cada vez mejor. Por fin logran levantarse, y salen de la condición de pobreza, logran terminar la casa y van a vivir allí, pero no se acaba aquí.

Algunos familiares de él, viendo cómo habían mejorado su situación empiezan a pretender su parte y ahí empieza un período de lucha familiar, pero del que salen con cabeza alta. Por fin logran tener una cierta tranquilidad y trabajan bien. Su generosidad y bondad de ánimo los lleva a abrirse al mundo y a dedicar su vida a los demás, a dedicar su tiempo y sus recursos para el prójimo, para ayudar a los últimos, para ayudar a los que viven como ellos vivían y a este punto conocen la Fundación Los Niños de San Juan a la que están dedicando su vida. Un ejemplo de vida que imitar. No se puede dar por descontado que quien viene de la pobreza y mejora su posición, se ponga al servicio de los demás, sin embargo, ellos, con su corazón abierto hacen esto. En los pocos días que hemos pasado juntos nos hemos sentido enseguida en sintonía, una unión profunda, por la alegría de compartir el trabajo, por la alegría de bromear juntos, de sentirse parte de un mismo proyecto de ayuda, una unión que va más allá de la cultura, idioma, credo y pertenencia social.

Otra historia de vida extraordinaria es la de una señora indígena que ayuda a Sandra en los trabajos de casa. Esta señora vive en los Andes en absoluta pobreza, es una persona gentil, humilde y reservada. Habla poco, siempre compuesta y amable y de sus ojos trasluce amor y alegría. Nos cuenta su historia, de como se ha criado en medio de grandes dificultades, sin nada, una continua lucha por la supervivencia. Los padres biológicos la cedieron a un padre adoptivo que la obligaba a trabajar ya desde muy pequeña y no apoyaba nunca sus decisiones. En medio de una lucha continua logró crearse su familia. Nos cuenta de como educa a sus hijos a los que intenta que no les falte nunca el amor de un padre que ella nunca había tenido. Nos dice que gracias a Ramoncito y a Sandrita, les llama así, y que les considera como si fueran sus padres, ha recibido ese amor que le faltó y gracias a ello ha podido mejorar su vida y la de sus hijos. Está ahí con nosotros, hemos vivido juntos por algunos días y me deja sin palabras su trabajo constante, silencioso y precioso. No ha dudado ni un momento de dedicarse a nosotros con dedicación y amor.

Así hemos descubierto en los Andes personas extraordinarias, que viven vidas extraordinarias cada día, a pesar de las innumerables dificultades. Personas que no tienen nada pero que lo tienen todo y todo lo que tienen lo comparten por el bien común sin pedir nada a cambio. Hemos redescubierto en una comunidad aquellos valores que nosotros los occidentales hemos olvidado, ahogados en la materia y en el egoísmo, esos valores que deberían ser la base de la sociedad y que en cambio sólo pocos poseen y estos pocos son pisados por la indiferencia de la mayor parte de la gente.

Vivir y trabajar en los Andes ha sido una experiencia regeneradora para mi espíritu debilitado por el estilo de vida occidental, con el ritmo de la sociedad consumidora que induce falsos ideales y exigencias. En los Andes se redescubren los verdaderos valores, las verdaderas exigencias de la vida. Para ellos el todo es lo que nosotros damos por descontado en Italia, cómo puede ser tener un techo sobre la cabeza, la casa caliente, el agua a disposición en cualquier momento, ropa para cada estación, la comida que queremos y cuando queremos, un poco de pan fresco, un juguete y una golosina para los niños, un abrazo y una sonrisa de una persona amiga, un consejo o una palmadita sobre el hombro, la visita a un abuelo.

Viendo estas cosas se empieza a apreciar y a dar valor a lo que tenemos, a dar las gracias por los regalos que recibimos en nuestra vida, a dar por descontadas menos cosas y nos damos cuenta que tenemos que preocuparnos para que incluso la última persona que está en el lugar más lejano de la Tierra pueda sentirse amada y bien recibida.

Ramón, Sandra gracias por todo, gracias para habernos donado el fuego del servicio, gracias por el amor que emanáis y que vivís de concreto en vuestra vida de continuo servicio a favor de los últimos en el continuo flujo de la alegría de la vida. Gracias por materializar con vuestras manos el mandamiento del ama a tu prójimo como a ti mismo, minuto tras minuto, día tras día en el eterno presente.

Gracias infinitas a quién cada día trabaja continuamente a favor de la vida haciendo que su vida sea una misión de amor, paz y paciencia.

Con infinito amor y devoción
Gabriele
18 de noviembre 2018

gabriel1

gabriel3

gabriel4

gabriel5

gabriel6

gabriel7