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Etica del poder

Los estudiosos de economía y finanza italiana, así como los principales protagonistas, cuentan que la finanza católica, rebautizada finanza blanca, nació para contrastar el ascenso y el poder de la finanza laica masónica.
En efecto en Italia, el concepto mismo de sistema bancario es asumido con neto atraso respecto al resto de Europa. Como explica el ya citado ''Finanza Blanca'' de Giancarlo Galli, cuando se decreta la unidad de Italia en 1861 con capital Torino, Cavour se ve obligado a hacerse financiar por los Hambro y por los Rotschield para construir la red ferroviaria.

Será después Giolitti el que fundará el primer Banco Comercial italiano en 1894, valiéndose de todas formas de la profesionalidad de dos banqueros israelitas centroeuropeos: Otto Joel y Federico Weil. El banco efectivamente nace del consorcio de 6 bancos alemanes, 3 suizos, 3 austriacos y 2 franceses.
Galli escribe que el sistema bancario italiano en este periodo es ''un complejo enredo de alianzas, de solidaridad, de intereses, en los que están plenamente involucradas las potencias financieras internacionales, con sus adentellados hebreos, además de masones, por difusa convicción''.
Y es precisamente para contrastar ''el extrapoder financiero laico-masónico'' que nace el Banco Ambrosiano y con él el presunto dilema de los católicos entre Dios y dios dinero.
En efecto, las distinciones netas no son la característica principal del mundo católico, así como esta supuesta toma de distancia de la obscura masonería. Aunque el canon 2335 del Código de Derecho Canónico decrete que ningún prelado pueda estar afiliado a la masonería, la historia narra más bien otros hechos.
Al centro de la atención vuelve una vez más el cardenal Marcinkus. Según cuanto denunciado por el periodista Mino Pecorelli en su muy temida revista ''OP, observatorio político'' el 21 de agosto del 1967 el atípico presidente del IOR entró a formar parte de la masonería con el número de matrícula 43/649 con el sobrenombre de Marpa. En una lista publicada el 3 de noviembre 1978 su nombre aparece al lado del de Jean Marie Villot, secretario de estado de la Santa Sede (matrícula 041/3 sobrenombre Jeanvi), Agostino Casaroli, jefe del Ministerio de Asuntos Exteriores de la Santa Sede (matrícula 41/076 sobrenombre Casa), Sebastiano Baggio, presidente de la Comisión Pontificia para el Estado de la Ciudad del Vaticano (matrícula 85/2640 sobrenombre Seba), Salvatore Pappalardo, arzobispo de Palermo (matricula 234/07 sobrenombre Salpa), don Virgilio Levi director del ''Osservatore Romano'' (matrícula 241/3 sobrenombre Vile), Roberto Tucci, director de la radio Vaticana (matrícula 42/58 sobrenombre Turo) y el brazo derecho de Marcinkus Donato De Bonis (matrícula 321/02 sobrenombre Dondebo).
Este último permanecerá dominus sin rival de la finanza vaticana también después de la era Marcinkus y considerado el verdadero antagonista oculto de Angelo Caloia en su proyecto de reformar el banco vaticano.
Galli puntualiza: ''Tenía la oficina más bonita y por allí pasaban las personalidades más distintas. Era de la familia monseñor Fiorenzo Angelini, ahora cardenal, Francesco Cossiga le llamaba Donatino, Giulio Andreotti le tenía en la máxima consideración. Monseñor De Bonis tenía relaciones con toda la Roma que contaba, política y mundana. Aristocráticos, financieros y artistas como Sophia Loren. Lo cual explicaría por que entre las cuentas que habían tenido acceso al banco estuviesen también las de individuos laicos que tuvieron que confrontarse con la justicia italiana. Debía bastar un ademán del monseñor para abrir una cuentra en el instituto vaticano, más reservado que los suizos, una especie de paraíso (financiero y fiscal) en la tierra'¦''
La acusación de adhesión del gotha del Vaticano a la masonería no provocó ninguna reacción por parte de la santa sede que, siempre sin preocuparse de desmentir nada ni tanto menos de dar explicaciones, relegó todo el asunto en la lista de las malas lenguas.
Lo que está claro es que Mino Pecorelli fue asesinado el 20 de marzo del año siguiente y que los eventos que involucrarán al IOR confirmarán, al menos en parte, las inquietudes y las siempre puntuales informaciones del periodista.
La sombra de la masonería de hecho se extiende hasta el interior de las habitaciones internas más secretas vaticanas. Rendina sostiene que Umberto Ortolani estratega de la logia P2 de Licio Gelli a mediados de junio del 1963 puso a disposición del cardenal Giacomo Lercaro uno de sus chalets de Grottaferrata donde se habrían reunido una serie de obispos que sostenían la candidatura, después vencedora, del cardenal de Milán Montini, Pablo VI.
Está ya comprobado después de años y años de investigaciones conducidas minuciosamente por último, por el juez Luca Tescaroli que Sindona y Calvi entablaron su propia sociedad criminal precisamente mediante Gelli y que a través de los comunes enlaces con la masonería y la alta finanza en las cajas vaticanas y ambrosianas circulaba el dinero de la mafia.
En la Cisalpina Overseas Bank, fundada por Calvi, Sindona y Marcinkus en las Bahamas, en cuyo consejo de administración figura Licio Gelli son almacenados los fondos negros, y lavado el dinero negro. Este procedimiento del blanqueo ocurre en tres tiempos, según lo que escribe el juez Ferdinando Imposimato que por mucho tiempo ha investigado sobre estos temas: ''Primero los capitales de la mafia, de los partidos políticos y de las grandes industrias son despositados en los bancos de Sindona. En un segundo lugar pasan al IOR, que se queda los intereses y después son transferidos, añadiendo el dinero de la santa sede, a los bancos extranjeros de Sindona, la Franklin Bank de New York y sus filiales en las Bahamas y en Panamá.
Imposimato pagará muy caro su coraje con el asesinato de su hermano Francesco por manos de la banda de la magliana, involucrada en todo el asunto, el 11 de octubre 1983.
El dinero negro es utilizado por precisos objetivos: la financiación de gobiernos dictatoriales según las exigencias políticas y la compraventa de bienes inmuebles.
Según varias fuentes e investigaciones, entre ellas la del periodista Paolo Ojetti, publicada en la revista Europeo, el inmenso patrimonio de la iglesia que ocupa casi una cuarta parte de Roma, como hemos podido constatar en las páginas anteriores, deriva la mayor parte de transferencias ilegales de mercado de los años setenta. La santa sede por lo tanto, dice en síntesis Rendina, a través del IOR y del dinero sucio maneja lo que resulta ser en fondo la empresa más legal porque aparentemente actúa a la luz del sol, es decir, la compraventa de inmuebles dentro de Roma, que como hemos visto no pagan impuestos o se asignan a nombres de cómodo de entes religiosos algunos de los cuales nacen y mueren en pocos años y otros se convierten en lucrosos negocios.
Cuando el papa Wojtyla en Agrigento en 1993 condenó con palabras muy severas a los mafiosos, excomulgándolos -cuenta Marino Mannoia- los boss, que llevaban su dinero al Vaticano- se ofendieron y maduraron la idea de hacer explotar las bombas cerca de las iglesias romanas.
Cosa Nostra había actuado en el proyecto estragista en colaboración con otras entidades incluída la masonería, que no hay que entender tanto como desviada o no, sino propio como punto de encuentro entre individuos que representan determinados poderes e intereses dispuestos a recurrir a cualquier medio para alcanzar su objetivo.
Entonces es legítima la pregunta: ¿se puede concebir una función ética del poder? En los exclusivos clubes de los decisores están seguramente convencidos que si, también porque son ellos mismos los que mueven los peones.
Lo divulgan por todos los lados los miles de militantes de Comunión y Liberación que acojen siempre en alegre exultación durante el gran encuentro de Rimini al senador de por vida Giulio Andreotti, el ''gran estadista'' que, como ha definitivamente confirmado la Casación, trató con la mafia también a costa de la vida de Pier Santi Mattarella. No son menos los llamados Memores Domini, brazo de acero de CL (Comunión y Liberación) un ilustre representante de la cual, el presidente de la región Lombardia Roberto Formigoni, ha terminado en el centro de un escándalo por las presuntas irregularidades de la operación de las Naciones Unidas ''Oil for Food'' petróleo a cambio de alimentos durante el embargo iraquí, otra habitual apetitosa ocasión para hacer nevar fajos de billetes.
Estaba seguro de ello Escrivá de Balaguer que ha recogido dentro del Opus Dei la flor y nata de los protagonistas de la historia político-económica contemporánea de Italia y de Europa.
Si en teoría cualquier cosa que mire al real bien común pueda responder a los dictámenes cristianos los ''frutos'' en base a los cuales se debería juzgar demuestran que se está muy lejos de obtener dicho resultado, incluso poniendo toda la mejor voluntad.

Locura y silencio

Gianmario Roveraro era un hombre muy reservado.
Miembro supernumerario del Opus Dei había hecho de la reserva y de la discreción el rasgo distintivo entre su vida privada y la profesional.
Serio, riguroso e inteligente vivía su ambición de forma prudente y atenta. Campeón de gimnasia atlética, que tuvo que abandonar por un accidente, dedicó su vida a explorar los sectores más futuristas del mundo de la finanza. En su larga carrera se midió con competidores italianos y extranjeros concediéndose algún atrevimiento y corriendo los riesgos de la profesión. A veces perdió, a veces ganó, pero su obrar no sobrepasó nunca los límites. Si bien operase en un ambiente sin escrúpulos estaba considerado por todos una persona de fiar y se había ganado el respeto de amigos y enemigos. Por esta razón su trágica y cruel muerte parece todavía más misteriosa.
La noche del 5 de julio del 2006, dos noches antes de la final del mundo de fútbol entre Italia y Francia, Roveraro está regresando a casa después de una reunión de la Obra. Hace todavía mucho calor a pesar de que sean las 21:30 de la noche. Mientras camina lentamente para tomar un poco el aire dos hombres le golpean en la cabeza y le meten en un coche, un Fiat Doblo y le llevan atado a un paso a nivel en un barrio de Albareto cerca de Modena.
Los raptores no son profesionales. Se trata de Filippo Botteri, Marco Bladi y Emilio Toscani. La mente del secuestro es el primero de ellos y las versiones que dará después son el centro del misterio.
Botteri y Roveraro se conocían bien. Hasta poco tiempo antes habían trabajado juntos en un negocio importante pero que había ido mal. Roveraro había perdido 300 mil euros provenientes de cuentas personales de la familia y como por cualquier dificultad que había tenido que afrontar en la vida había reaccionado con compostura. Para Botteri, sin embargo, la cuestión era mucho más grave y complicada.
Joven empresario de Parma, hijo de una importante mujer de negocios, Laetitia Botteri y de un padre que conoció solo cuando éste era anciano, ve en Roveraro un punto de referencia y una óptima ocasión de éxito y de rescate de una juventud sin concluir mucho y un poco desenfrenada.
La oportunidad llega de Austria donde el financiero, uno de los dos únicos en condiciones de hacerlo en Italia, experimenta una nueva fórmula económica: el MTN, el Medium Term Notes.
En práctica se trata de un complejo y delicado sistema de pequeñas inversiones que gracias a la ''flexión financiera'' rinden notables beneficios en un tiempo bastante limitado.
Botteri se queda entusiasta de la oportunidad que le ofrece Roveraro y se prodiga para rastrear cuantos más inversionistas sea posible. Gracias a la confianza de la que goza en los ambientes mundanos de su zona invierte y hace invertir alrededor de dos millones de euros.
No pasa mucho tiempo y se ve claro que algo no va. Los beneficios esperados no llegan, peor aún, se necesitan más capitales, que lo mismo Roveraro que Botteri depositan, pero la situación no hace más que agravarse y el joven empresario empieza a sufrir presiones de sus acreedores que quieren ver los resultados de sus inversiones.
Según declara Bottari mismo el dinero que debía ser invertido en Austria era retirado por dos emisarios de Roveraro que iban a retirar los billetes, los metían en el maletín y los transportaban más allá de la frontera. A los dos, conocidos como Gianni y Claudio y nada más, el joven emiliano (de la región de Emilia Romagna) había entregado 3.800 millones de liras de su propiedad sin recibir en cambio ninguna garantía, obviamente. Se fiaba, eran hombres de Roveraro.
Por este motivo, cuando se da cuenta de que ya no podía entrar en posesión de sus inversiones y sobretodo de las de aquellos a los que había propuesto el negocio garantizando personalmente, Botteri considera a Roveraro responsable de su quiebra.
Así planifica el secuestro con la ayuda de dos cómplices, simples amigos que había ayudado en el pasado y que querían devolverle el favor. Por otra parte, se trataba de obtener del financiero dos millones de euros de rescate y basta.
Y es precisamente aquí que termina el relato de Baldi y Toscani, dado que el dramático epílogo se sabe solo por las palabras de Botteri, el cual confiesa en un primer momento de haber llevado a Roveraro al campo abierto para aclarar definitivamente sus acuerdos e intentar que se le restituyese su dinero.
Pero en un cierto momento Roveraro habría amenazado con hacérselas pagar y de ahí Botteri, perdiendo la cabeza, le habría disparado un tiro a la nuca. El horror no termina aquí. El joven en efecto habría regresado al lugar del delito ayudado por sus cómplices y con el machete habría hecho pedazos el cadáver del financiero para esparcir después los pedazos en sacos negros entre los campos. El uso del condicional en esta reconstrucción es obligatorio visto que el reo confeso ha dado más de una versión de los hechos. Después de muchos interrogatorios revela a los magistrados que el financiero hubiera estado de acuerdo en hacerse secuestrar. Ante la incredulidad de los magistrados e incluso de sus abogados que ya se habían ocupado del fingido secuestro Sindona sostiene que Roveraro estaba viviendo una situación difícil que no le había explicado nunca en los detalles, pero que tenía la necesidad de crear una situación en la que, si se viera obligado, podría hacer revelaciones comprometedoras.
''Dado que él era un católico ferviente y convencido hasta el límite del integralismo él prácticamente había apoyado algo por motivos que nunca me ha dicho... un dilema lo atormentaba... una obsesión...''
Pero el drama se desencadenaría cuando Roveraro de repente le dijo que ya no quería hacer nada y diciendo además: ''Ya no me importa nada, quiero irme a casa, os arruino a todos''. Botteri le habría disparado en un raptus de rabia.
Los magistrados no creerán nunca en esta versión que sin embargo el joven asesino continuó defendiendo sin cesar.
Aunque no se pueda considerar atendible hay que recordar las palabras de la esposa de Roveraro Silvana Canepa que a pesar de las telefonadas tranquilizadoras del marido comprendió enseguida que algo pasaba, visto que nunca antes de ese momento Gianmario había tenido un comportamiento tan extraño y fuera de sus rigidísimas costumbres.
En el proceso de análisis de las posibles hipótesis los magistrados no han desatendido ninguna pista. A partir de una declaración concedida por Todescato, uno de los actores del asunto Austria, según el cual Botteri le habría confiado que Roverado reciclaba el dinero de la mafia en Sicilia. En una declaración anterior en cambio el lavado de dinero se habría hecho por cuenta del Opus Dei.
No se ha encontrado nada que pueda probar una acusación tan grave, solo el hecho de que el financiero se había ocupado de la liquidación del grupo inmobiliario Rappa en Palermo. Vicenzo y Filippo Rappa son indagados por lavado de dinero por cuenta de los jefes de mafia del relieve de Raffaele Ganci, Francesco Madonia y Giovanni Brusca.
Ocuparse de este asunto le había causado no pocas angustias a Roveraro que incluso había dejado el encargo antes de llevarlo a conclusión.
Todavía no se ha hecho luz sobre el real contexto en el que ha madurado el delito, Botteri, declarado capaz de entender y de querer, fue condenado a cadena perpetua con aislamiento diurno durante 8 meses en diciembre del 2008.

La perversión del poder

''Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar. - !Ay del mundo por los escándalos! Es forzoso, ciertamente, que vengan escándalos, pero !ay de aquel hombre por quien el escándalo viene''.

Con todo su bagaje de historia secular y pesados fardeles la Iglesia Católica se dispone a afrontar los nuevos desafíos del milenio.
Se puede decir que el vigésimo siglo se ha concluido para la religión católica con la espectacular vigilia en mundo visión que reunió a todos los fieles al cabezal de Juan Pablo II (Wojtyla 1978-2005) hasta el último respiro. El Vaticano iluminado por miles de velas ha sido la última escenografía de gran afecto construída alrededor de un Papa muy criticado en juventud, pero elogiado como un santo en los últimos años de su vida.
El inicio mismo de su pontificado está caracterizado por un misterio, la muerte de su predecesor, el papa Juan Pablo I (Luciani 1978), que estubo en el solio pontificio solo 33 días. Falleció por un paro cardíaco, según la versión oficial, envenenado, afirman con certeza históricos e investigadores que indican como razón del delito la firme intención del pontífice de desarrollar algunas reformas netas dentro del Vaticano a partir de la cumbre del IOR.
El Papa Wojtyla sin embargo no solo dejó intactas las jerarquías vaticanas sino que además, como hemos visto, se valió de las controvertidas relaciones de monseñor Marcinkus para contrastar la amenazadora expansión del comunismo con cualquier medio.
Conjurado el peligro, la biografía de este papa se ha teñido de ''acciones heroicas'' como la ya citada exhortación a la conversión de los mafiosos en Agrigento y ha sombreado eventos trágicos como la condena de la teología de la liberación y el apoyo a las feroces dictaduras latinoamericanas.
Uno de los mayores acusadores del Papa Wojtyla, el célebre escritor inglés David Yallop, en su reciente libro ''Habemus papam'', recuerda cuando Wojtyla se asomó al balcón para bendecir la multitud en compañía de los sanguinarios Videla y Pinochet, mientras Padre Romero y muchos otros curas y monjas que se ponían de la parte de los más indefensos eran asesinados en silencio.
Yallop no usa medias palabras para definir a Juan Pablo II un gran actor (como en efecto lo era de joven), un hombre con un gran carisma, lo ideal para arquitectar una perfecta operación de marketing.
''Todos recuerdan su imagen -explica a la periodista de la revista argentina ''Noticias'' Liliana Morelli - pero nadie lo que decía. El hombre era amado, el mensaje ignorado''. Según el escritor los católicos que siguen sus preceptos de fe en lo que se refiere a aborto, divorcio, contracepción y otros temas de extrema actualidad serían muy pocos respecto a los que guardan en la memoria un ícono mistificador.
El proceso de beatificación de Juan Pablo II se ha puesto en marcha inmediatamente después de su muerte y son innumerables y continuos los relatos que atestiguan eventos milagrosos ligados a su persona.
Para contribuir a montar la beata figura, según Rendina, se ha utilizado también el tercer secreto de Fátima y su presunta revelación concedida a gran pompa en el 2000 por la Congregación de la doctrina de la Iglesia presidida por Ratzinger.
La visión de Lucia, ocultada por décadas violando la expresa petición de la Virgen que pidió que se diera a conocer en 1960, sería la previsión del atentado al papa sucedido en Roma en 1981 por mano del terrorista turco Ali Agca.
En realidad, según muchos estudiosos que se han ocupado durante años del secreto de Fátima y entre ellos me permito de contarme, el mensaje está incompleto. Efectivamente falta junto a la transcripción de la visión de la joven pastora el mensaje de la Virgen que sin embargo acompaña las dos visiones anteriores y que contemplaría eventos mucho más graves para el futuro del hombre de lo que ha sucedido al papa. Es verdad sin embargo que nunca se ha hecho luz en lo que se refiere al atentado al pontífice, ni sobre la intriga entre mafia, esta vez la turca de los lobos grises, negocios sucios e intereses políticos, que delinean el cuadro de ideólogos y motivos para el atentado.
Sombras que se quiera o no impiden que la brillante imagen de este papa luzca así como se desearía.
En cualquier caso no debe de ser fácil para su sucesor suscitar el mismo clamor y sobretodo ser amado por el pueblo de los católicos que, aunque sea vasto, parece disminuir con el tiempo.
A decir la verdad no parece que a Benedicto XVI (Ratzinger 2005) le preocupe mucho el consenso visto que sus primeras directivas en cuestión de asuntos sociales (contracepción y fin de vida) e incluso doctrinales como la celebración de la misa en latín hayan sido totalmente impopulares y juzgadas también por los fieles demasiado conservadoras de verdad.
Además de una herencia de fama verdaderamente ardua de igualar, el papa Ratzinger ha tenido que afrontar, propiamente en este periodo, uno de los escándalos más delicados y difíciles de manejar en la historia de la iglesia católica. Enterrada por un muro de silencio por siglos la plaga del abuso sexual a daño de menores de edad perpetrado por una cantidad notable de prelados ha estallado al final con toda su purulencia. Desde Juan XXIII hasta Juan Pablo II la única reacción oficial ha sido siempre la de encubrir al culpable y trasladarlo de diócesis en diócesis con el objeto de protegerlo de las ya de por si raras denuncias que una vez eran consideradas un tabú insuperable.
El fenómeno ha estallado sobre todo en los Estados Unidos donde el escándalo ha involucrado a las cumbres mismas de las diócesis: obispos, arzobispos, cardenales, párrocos de un cierto nivel e influyentes han sido acusados del más horrendo de los crímenes: la pedofilia.
Las estadísticas son despiadadas.
De los estudios realizados sobre las víctimas, pero también sobre los verdugos, conducidos por psicólogos y psiquiatras, la cantidad en conjunto de los jóvenes violados en los USA entre 1950 y el 2004 es alrededor de 40.000 - 60.000, mientras los sacerdotes, ''solo'' los que han sido declarados culpables, son 5.214. Son como es obvio cuentas muy complicadas y de difícil definición si se considera el enorme sacrificio que para la mayor parte de los abusados significa hablar y contar.
Cabe precisar dos cosas, la primera es que los abusos no suceden solo en el ámbito de la iglesia católica, si bien detenga la mácabra primacía: han sido presentadas denuncias contra rabinos hebreos, ministros musulmanes, monjes budistas y maestros Hare Krishna.
La segunda puede parecer un inútil destaque pero es justo especificar que las víctimas son la mayor parte chicos de edad comprendida entre los 11 y los 17 años, es decir, una edad pre-post puber por lo que los verdugos son definidos efebófilos.
Un detalle que parece que hay que tener presente para comprender los perfiles criminales trazados por muchos expertos clínicos y terapéuticos que han examinado miles de casos. Según estudios del caso los orígenes de este horrible desvío hay que buscarlos en múltiples y distintas direcciones que obviamente no analizaremos en esta sede.
Si por una parte se han debido a violencias sufridas en edad infantil, por otra la tendencia a los abusos habría que buscarla en la prohibición impuesta a los jóvenes seminaristas a través de la castidad precisamente en esa edad que tanto les atrae sexualmente una vez que se hacen hombres.
Elegir a jóvenes en edad de pubertad se debería precisamente a una identificación con las víctimas consideradas en substancia, a nivel sexual, a la par.
Por el contrario, para las víctimas, el hecho de que el que abusa de ellos sea el párroco, en muchos casos un sustituto del padre, en otros un amigo de familia, les paraliza y les empuja a mantener dentro de sí mismos este secreto terrible por años. Los daños físicos y psicológicos sufridos por los niños víctimas de este tipo de abusos son gravísimos y a menudo irreversibles.
Si por lo tanto para algún sacerdote pudiese valer aunque sea un mínimo atenuante que deriva de una patología, se trata completamente de otro asunto cuando la violencia deriva de la posición de poder e inevitable situación de impunidad de la que gozan la mayor parte de los prelados violadores.
Según Mauro Pesce que ha escrito la introducción de la edición italiana del libro ''Atti impuri, la piaga dell'abuso sessuale nella chiesa cattolica'' (Ed. Raffaello Cortina), (Actos impuros, la plaga del abuso sexual en la iglesia católica), el hecho de que el cura católico se disponga como único intermediario e intérprete de la relación del fiel con Dios lo coloca en una posición privilegiada que puede inducir al creyente a considerarle como una autoridad intocable hacia el cual se puede sentir una sensación de inadecuación, de inferioridad y en fin de dependencia.
El autor sugiere una comparación entre el sacerdocio católico y el predicar itinerante de Jesús Cristo que transita en todo lugar, sin poseer algún bien ni tener morada fija, que ofrece una relación con Dios a través del perdón de los propios pecados y la formación de una personalidad independiente que encuentra en si misma el manantial de la vida espiritual. ''Jesús no se queda nunca mucho en una casa, en una familia. Se despide apresuradamente de las multitudes que se reunen a su alrededor. ('¦) De esta manera después de su rápida aparición las personas son dejadas a sus responsabilidades y a su libertad''.
La tentación del poder material y psicológico sobre el prójimo es una característica de las jerarquías eclesiásticas que considerándose ''otra cosa'' respecto a la gente se creen por encima de las leyes y de las reglas aprovechando a manos llenas de su extraterritorialidad a este punto no solo vaticana, sino también plenamente subjetiva e individual.
En el prefacio del antedicho libro una de las coordinadoras Mary Gail Frawley-O'Dea explica, como ya referido en su ensayo que lleva el elocuente título de ''La Perversione del potere'' (La perversión del poder), que la mayor parte de los observadores concuerda en creer que el escándalo de los abusos sexuales en los Estados Unidos haya tenido origen en Lousiana en Henry, cuando en el 1983 Padre Gilbert Gauthe fue acusado de molestias. Un caso emblemático de un cura carismático y dinámico comprometido sobretodo con los jóvenes, especialmente chicos entre 11 y 15 años, que nutren hacia él respeto y confianza. Una vez conquistado, se introduce al chico a la relación sexual. Si el delito es descubierto y denunciado por la víctima misma las consecuencias pueden ser de dos tipos.
Hasta hace algunos años raramente la denuncia era tomada en consideración y la víctima era acusada de querer ''enfangar la iglesia''; su pecado era considerado peor que cualquier otra cosa que un cura pudiese hacer asi que se le hacía callar o en el peor de los casos se le excluía de la comunidad.
En la obscuridad de las sacristías se invitaba al sacerdote a no pecar más y después de un tiempo se le trasladaba a otro lugar desde donde permanecía en contacto con otros jóvenes y la historia empezaba de cero. Solo después de muchos años y con la presión pública sobre los obispos para que tomasen medidas serias y reales algún doloroso testimonio ha dado lugar a algún efecto consiguiendo obtener por lo menos el acuerdo bajo resarcimiento.
El mérito de haber provocado grandes desgarros en el denso muro del silencio clerical se debe en gran parte a los medios de información que han estado en condiciones de cumplir con su función de control del sistema restituyendo de esta manera un resquicio de esperanza a las víctimas.
Precísamente gracias a los medios de comunicación y al coraje de las víctimas hoy el escándalo ha asumido proporciones gigantes. Hablemos de los hechos más recientes.
En el 2002 es llamado en causa el cardenal de New York, Edward Egan, que hasta el 2000 había dirigido la diócesis de Bridgeport, en Connecticut. Es acusado de haber encubierto decenas de casos de abusos sexuales perpetrados por sacerdotes que el cardenal se había limitado a destinar a otros encargos. Su sucesor ha tenido que acordar con las familias de las víctimas por millones de dólares.
Sigue el caso del cardenal Bernard Law de Boston, señalado por el Boston Globe por haber protegido a dos sacerdotes pedófilos de la denuncia y de los procesos que después les han condenado.
En el New York Times, en las últimas dos semanas de marzo 2002 se lee: ''Al menos 55 sacerdotes en 17 distintas diócesis han sido destituidos, suspendidos o despedidos, entre los cuales 6 en Filadelfia, 7 en New Hampshire, 2 en St. Louis, 2 en Maine, uno en Nord Dakota y 12 en Los Angeles. En particular destacan el reverendo Michael Hands de Long Island, del que se ha probado que ha tenido relaciones sexuales con un chico de 13 años en 1999 y en el 2000 y Anthony J. O'Connel, obispo de Palm Beach en Florida, denunciado por haber molestado a un seminarista en Missouri en los años Setenta que ha dimitido y por el cual la diócesis ha pagado un resarcimiento de 125.000 dólares''.
Entre el 2005 y el 2007 salen a la luz de la crónica otros casos estremecedores. Los periódicos de Chicago atacan al cardenal Francis George arzobispo de la metrópolis y Presidente de la conferencia Americana de Obispos Católicos por no haber tomado alguna medida contra el padre Daniel McCormack del que han sido comprobados los delitos. Se ha descubierto después que el obispo estaba en efecto muy ocupado en esconder la historia horrorosa de otro sacerdote: Kenneth Martin culpable de abusos contra niños. En el 2007 se hace público un dossier sobre padre Nicholas Aguilar Rivera que ha violado 26 chicos y a quien el obispo auxiliar de Los Angeles Thomas Curry ayudó a escapar a México, donde ha continuado molestando inocentes. Está claro que son solo algunos simples ejemplos y no se refieren solo a los Estados Unidos.
En Australia ha causado sensación el caso de dos hermanas que han sufrido violencias por parte del padre Kenin O'Donnel entre 1988 y 1993, una de las dos chicas se ha suicidado mientras la segunda tiene problemas con el alcohol y después de un accidente de carretera ha sufrido daños cerebrales.
También en Italia no son pocos ni de poca cuenta los casos de violencias y abusos.
En el 2004 Mauro Stefanoni, el párroco de Laglio, en el lago de Como, ha sido procesado y condenado, por haber abusado de un chico atrasado mental, a 8 años de cárcel y a una indemnización de 180.000 euros.
No hace mucho tiempo, en septiembre del 2007 La Repubblica publicó la medida tomada por el Vaticano contra Don Lelio Cantini, párroco de la provincia de Florencia ''considerado responsable de delictivos abusos sexuales contra algunas chicas en los años 1973-1987''. Al margen ha salido a la luz una historia de orgías y fiestas ''hard'' que habrían involucrado al obispo auxiliar de Florencia Claudio Maniago, pero se trata de insinuaciones que no han sido comprobadas.
Es de marzo la noticia de las dimisiones del obispo irlandés John Magee, también él culpable de haber encubierto abusos sexuales sobre menores y es particularmente evidente visto el nivel del personaje. En efecto, antes de ocuparse de la diócesis de Cloyne, en el sur de Irlanda, donde han ocurrido decenas de violencias, Magee ha sido secretario privado de tres papas: Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II.
En particular fue el primer sacerdote que entró en la habitación del Papa Luciani el día de su fallecimiento y el que dió la alarma. Cuando empezaron a circular las primeras ilaciones sobre las reales causas de la muerte del pontífice, Juan Pablo II lo destituyó y lo mandó a otro encargo también porque el obispo fue uno de los pocos que testimonió que el difunto pontífice, el día anterior a la muerte, había tenido por lo menos dos malestares.
El escándalo irlandés fue documentado en un dossier de 270 páginas densas de relatos dramáticos que involucran 100 sacerdotes, 350 víctimas y 40 años de silencio absoluto mellado por las valientes denuncias y el suicidio del párroco Sean Fortune imputado por abusos.
El último quebradero de cabeza para la iglesia católica ha llegado directamente al escritorio del papa que precisamente en estos días ha decidido enviar una ''visita apostólica'', es decir una inspección, a la sede de los legionarios de Cristo, una congregación de derecho pontificio que tendría la misión de ''extender el Reino de Cristo'' en la sociedad. En 1988 el fundador Marcial Maciel Degollado fue acusado de abusos sexuales e incluso de haber seducido y robado a ricas herederas con algunas de las cuales habría incluso tenido hijos. Desde el 2006 el papa Ratzinger, en vez de someterlo a proceso canónico, le ha impuesto que se retire de buen orden a una vida reservada y renunciando a cualquier ministerio público.
La actitud de la cumbre vaticana es precisamente esta: evitar los procesos y los castigos, mejor pagar, si realmente no se puede hacer nada. Pero la corte de Cincinnati, con una sentencia sin precedentes, ha dado via libre de llamar a juicio a la Santa Sede por ser considerada corresponsable de los delitos cometidos por los religiosos de la diócesis de Lousville en Kentucky.
Solamente en el año 2008 la Iglesia norteamericana ha desembolsado 436 millones de dólares para resarcir a las víctimas que se suman a los 526 millones del año anterior.
Una cifra enorme, vergonzosa en su consistencia desproporcionada y al mismo tiempo inadecuada para poner remedio al dolor y a la devastación provocadas.
El cardenal Roger Mahoney, diputado de la santa sede para intentar manejar la cuantía del daño ha asegurado que toda la suma será correspondida recurriendo a las cajas fuertes de la iglesia, que sabemos que están bien llenas y a la venta de numerosos edificios.
Es decir, poseer enormes riquezas puede ser de gran ayuda en caso de emergencia y las culpas se pueden lavar fácilmente también con lo billetes.
Por lo demás la santa sede no parece haber tenido ningún hundimiento ni siquiera en tiempos de crisis.
El presidente del IOR, Caloia, tranquiliza: ''Nuestro patrimonio es sólido y no tenemos carencia de liquidez. Hemos evitado recurrir a los derivados y hemos realizado solo inversiones claras, sencillas, éticamente fundadas''.