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FLAVIO CIUCANI

corpusdomini1DEL CIELO A LA TIERRA

HE ESCRITO EL 6 DE JUNIO DE 2018:
UN QUERIDO AMIGO Y MAESTRO ME HA ENVIATO ESTE ARTÍCULO SUYO.
LEAMOS Y MEDITEMOS.
GRACIAS, RABÍ.
EN FE
G. B.
 
Gubbio (Italia)
6 de Junio de 2018

 

CORPUS DOMINI: EL QUE COMA DE ESTE PAN VIVIRÁ ETERNAMENTE
Por Flavio Ciucani

Una niña de Liegi, Giuliana Cornillon, que quedó huérfana, fue adoptada y educada por una monja, posteriormente se ordenó como novicia, a los dieciséis años tuvo una extraña visión: había una luna llena, blanca y brillante, con una mancha negra, como una estela, una cicatriz que arruinaba la belleza lunar. Pero la joven no comprendió el significado de esa escena. Después de unos años, mientras rezaba, cayó en un profundo éxtasis. Se le apareció Jesús y le reveló que esa mancha representaba a los cristianos que habían dejado de considerar la “Comunión” como un momento central de la prédica de Jesús, sino que la toman como un ritual vacío, ya sin valor. La joven monja le escribió a un humilde sacerdote, Jacques Pantaléon, hijo de un zapatero, que tomó en consideración las inquietudes de Sor Giuliana, le dio crédito a su visión y le habló de ello al Obispo de Liegi. Posteriormente en la ciudad de la diócesis de Liegi se instituyó una nueva fiesta para recordarles a todos que Jesús había entregado Su cuerpo y Su sangre por la humanidad: recibió el nombre de Fiesta del Corpus Domini.

En 1261 ese cura, Jacques Pantaléon, fue proclamado Papa, bajo el nombre de Urbano IV. No fue casi nunca a Roma, prefirió establecerse en Viterbo y en Orvieto. En agosto de 1263, mientras se encontraba en Orvieto, le pidió una audiencia urgente un joven sacerdote bohemio, que había viajado a Roma en peregrinaje. Cuando éste se presentó ante el Papa, temblando y llorando, le contó que mientras estaba dando la misa, en Bolsena, una ciudad cerca de Orvieto, cuando llegó el momento de la consagración eucarística la hostia se convirtió en carne y sangre, manchando el altar. Al año siguiente Urbano IV proclamó la festividad del “Corpus Domini” como la fiesta de toda la Iglesia Católica.

flaviocapito200Por Flavio Ciucani

Si, como dicen los historiadores, Jesús murió en el año 26, dentro de ocho años habrán transcurrido dos mil años a partir de dicho acontecimiento. En todo este tiempo los hombres se han apresurado a condecorarse con emblemas relativos a la fe cristiana. Hoy hay dos mil millones de personas que afirman ser cristianos. Aún hoy se oyen los slogan, se publican libros, se reparten cuadernillos, periódicos, volantes, se venden souvenirs en los que se proclama que el cristianismo es “la sal y la levadura de la Tierra”, que es el portador del “amor que cambiará al mundo”, y también se lee que “la oración une a los hombres”, que “Jesús ha dibujado una sonrisa en ti”... Son todas frases hermosas y floridas, pero hay algo que no cierra: ¡dos mil millones de personas no logran cambiar al mundo! No digo un hombre, un Presidente, un gerente, un hombre de negocios, no: dos mil millones de personas dicen ser cristianos. Sin embargo los teólogos católicos dicen que Tomás de Aquino había afirmado que “¡El conocimiento siempre es un bien, incluso el conocimiento del mal!” ¿Acaso necesitamos otros veinte siglos para comprender el bien y el mal?

aovejas200Di Flavio Ciucani

Durante las fiestas navideñas es difícil oír hablar de “falsos profetas”. Hoy se ven jóvenes de asociaciones humanitarias que distribuyen alimentos y abrigo a los sin techo, a los pobres, a los “mínimos” como dijera San Francisco. Hay muchos buenos propósitos, buenos sentimientos y buenas acciones: la palabra bueno es la más utilizada en Navidad. Precisamente porque todo es bueno y suena extraño que no se hable de los falsos profetas.

De hecho serán muy buena la comida de las mesas navideñas (que sin lugar a dudas harán su aporte para llenar los basureros); serán bien aceptados los paquetes y paquetitos llenos de sorpresas y regalos que claramente habrán debilitado las economías familiares y llenado los bolsillos de aquellos que no necesitan regalos. Entre las buenas intenciones y la lágrima por el último conmovedor dibujo animado hemos olvidado, al menos hasta la copita de licor, que hay ochocientos millones de personas que no tienen para vivir; se nos pasó, al menos después de haber arrancado los papeles y cartulinas del último regalo, que cada día la Tierra pierde de 13 a 15 millones de hectáreas de selva. Todo esto es escandaloso, pero es Navidad.