 |
Nació
en la última década del siglo XIX, el 5 de enero de 1893,
en la ciudad de Gorakhpur a los pies de los Himalayas, en el seno de una
familia acomodada perteneciente a la casta de los kshatriyas, guerreros
y gobernantes, la segunda en el sistema tradicional de castas de la India.
Le dieron el nombre de Mukunda Lal Gosh y fue el cuarto hijo de una familia
de ocho hermanos, cuatro mujeres y cuatro hombres.
Sus padres, Bhagabati Charan Gosh y su esposa Gurru (Gyana Prabhal) Gosh,
eran fervientes devotos y discípulos del gran santo hindú
Lahiri Mahasaya, y criaron a su numerosa prole con gran amor y enseñanzas
espirituales.
Desde muy niño, Makunda ayudó a su madre a disponer ofrendas
de flores frescas impregnadas en pastas de madera de sándalo en
el altar familiar donde veneraban una foto del santo Lahiri Mahasaya.
Luego, la acompañaba en sus meditaciones y honraban con incienso
y mirra a la divinidad expresada en el retrato.
Sus padres lo iniciaron a temprana edad en la técnica del Kriya
Yoga enseñada por Mahasaya y, en muchas ocasiones, el niño
experimentó éxtasis místicos. Veía al maestro
salir del marco de la fotografía y adquirir un cuerpo luminoso
que se sentaba a su lado.
Pero el mayor milagro ocurrió cuando tenía ocho años
y enfermó gravemente de cólera asiático, entonces
incurable.
Desahuciado por los médicos, Mukunda agonizaba cuando su madre,
acompañada de su hermana mayor, Roma, colgó en la habitación
del moribundo el retrato del santo, pidiéndole que mentalmente
se postrara ante el maestro para que lo sanara. El niño obedeció
mirando fijamente la foto. Ocurrió entonces un extraño fenómeno
presenciado por toda la familia. Del retrato emanó una luz resplandeciente
que iluminó toda la habitación y envolvió el cuerpo
del enfermo. De inmediato, Mukunda se recuperó, incorporándose
en el lecho lleno de energías. Su madre y su tía se postraron
ante la milagrosa fotografía agradeciendo a Lahiri Mahasaya por
la sanación del niño.
Desde esa ocasión, comenzó a experimentar muchísimas
visiones espirituales cuando meditaba. En una oportunidad, vio dentro
de una fulgurante, figuras de santos en postura de meditación y,
al preguntar "¿Qué es ese fulgor?", una voz le
respondió, "Yo soy Ishwara" (Yo soy luz), que es el nombre
sánscrito para designar a Dios en su aspecto de legislador cósmico.
La familia Gosh vivió en diferentes ciudades de la India, pues
el jefe del hogar ocupaba el puesto de vicepresidente de la compañía
de ferrocarriles Bengala Nagpur, lo que permitió al místico
Mukunda conocer en las diferentes ciudades que residió a científicos,
filósofos, santos, y yoguis famosos de su época.
A los 11 años tuvo una experiencia de percepción extrasensorial,
con su madre. Su padre había comprado una gran casa en Calcuta
y su madre se encontraba allí, preparando la boda de su hermano
mayor, Ananta. El y su padre aún no se habían mudado a esa
ciudad y permanecieron en Berelly, localidad del norte de la India a la
que su progenitor había sido designado por unos años. Mukunda
despertó a las 4 de la madrugada y vio a su madre junto a su lecho.
Ella le susurró: "Despierta a tu padre y tomen el primer tren
a Calcuta" desapareciendo de inmediato. El niño transmitió
el mensaje a Bhagabati, pero éste no le creyó. A la mañana
siguiente llegó un telegrama anunciando que Gurru estaba gravemente
enferma. Partieron de inmediato, pero llegaron demasiado tarde. Estaba
muerta.
Este gran golpe sumió a Mukunda en una honda pena. Para consolarse
y volver a contemplar los amables ojos de su madre, a quien consideraba
su única y más grande amiga, armó un altar a la Madre
Divina, que en la India es representada por la diosa Kali, y ante él
meditaba y oraba, en busca de consuelo. Su fervor fue recompensado.
En la meditación completó la figura resplandeciente de la
diosa Kali, que lo miró dulcemente, diciéndole: "Yo
soy la que ha velado por ti vida tras vida en la ternura de muchas madres.
Mírame y verás los ojos de tu madre".
Esta visión curó su melancolía y le dio el consuelo
que buscaba sintiéndose desde entonces dichoso de haber sido favorecido
con la constante compañía de la Madre Divina.
Paramahansa Yogananda,
personaje que ha intentado unir las religiones y filosofías orientales
y las occidentales.
Su vida estuvo dedicada en cuerpo y alma a su trabajo espiritual, dedicándose
en todo momento a la práctica del Yoga, como vía de elevación
y encuentro del camino con la Divinidad, la Madre Cósmica. Su camino
siempre fue ayudar a los demás.
|