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JUAN (20,24)
Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando vino
Jesús. Los otros discípulos le dijeron: "¡Hemos visto al Señor!". Pero
él les contestó: Si no veo en sus manos la señal de los clavos, y meto
mi dedo en el lugar de los clavos, y meto mi mano en su costado, no creeré".
Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos
Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y
les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira
mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo,
sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios
mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados
los que no vieron, y creyeron".
Los estigmas. Las sagradas heridas de la crucifixión del Maestro Jesús.
Entre todos los signos es el más importante, propiamente por lo que representan.
La Pasión, la Crucifixión y la Resurrección, el sacrificio supremo que
mira de redimir a toda la humanidad. En el curso de la historia muchos
hombres y muchas mujeres han convivido con este signo. Algunos famosos
y que hoy son Santos como San Pablo, San Francisco y Padre Pío, otros
menos conocidos como Teresa Neumann y Anna Katherina Emmerick, Antonio
Ruffini. No último, seguramente, Giorgio Bongiovanni, que está entre los
estigmatizados más famosos del último siglo. Obras diferentes, tiempos
distintos, pero todos tienen en común el mismo, idéntico mensaje de justicia,
paz y amor. La presencia de estas personas tenía como significado la manifestación
de Jesús o, de todas maneras, de su palabra, que nos ha acompañado en
estos dos mil años y continuará hasta el momento de su regreso. "No os
dejaré huérfanos, regresaré en medio de vosotros".
Un hecho particular pero no raro es la aparición de los signos en ocasión
de determinados momentos de crisis espiritual. Una especie de amonestación,
de invitación a recobrar esa fe que había faltado a Tomás hace 2000 años.
Hoy en el mundo, muchos saben, muchos creen en el mensaje de Jesús, el
Evangelio. Aún así, todas estas personas no creen en sus signos, aun tocándolos.
Y es así que los estigmatizados son escarnecidos, criticados, analizados,
para encontrar a toda costa una explicación lógica a lo que no puede ser
explicado sin la fe.
¿Pero cual es la posición de la Iglesia? La Iglesia ha definido a los
estigmatizados como creyentes en los cuales se manifiesta el fenómeno
extraordinario de la aparición espontanea de llagas que reproducen las
heridas de la Pasión de Cristo. A pesar de esto, ante este signo, ha intentando
siempre de dar respuestas con toda la cautela posible. Generalmente se
tiende a explicar la estigmatización, en los casos donde no se trate de
histeria o de manumisión de cualquier tipo, como un hecho natural de la
persona en cuestión, una especie de reconocimiento debido al esfuerzo
en parecerse al Maestro Jesús. Además hace una distinción entre estigmas
divinos, humanos y diabólicos y establece criterios para la definición
del fenómeno sobrenatural; aparición instantánea, evidencia de la modificación
de los tejidos, persistencia, hemorragias, ausencia de supuración, cicatrización
perfecta.
El escepticismo de la Iglesia se manifiesta mas que hacia el signo mismo,
hacia los que lo llevan, sobre todo si estos no son hombres de Iglesia,
que serían más fáciles de controlar y gestar. Para desacreditarles a menudo
se confía en la ciencia, pero sin éxito. Los científicos ven en este signo
la realización de un proceso patológico, de un fenómeno que puede entrar
en el campo que la medicina llama normalmente "stress". Este, a su vez
provocado por estímulos somáticos o psíquicos, con el tiempo llevaría
a que las hormonas de protección desaparezcan, produciendo así "lesiones
orgánicas en la piel y en las mucosas, como los estigmas" (L.S. Ciancanelli,
Francesco di Pietro Bernardone enfermo y santo, Nardini editor, Florencia
1974). El stress estaría provocado por los ayunos y los éxtasis. La neuropsiquiatría
sin embargo ve en el fenómeno una manifestación patológica ligada a la
histeria. La autosugestión y la concentración de la imaginación identificándose
con la pasión de Cristo causarían ulceraciones y erosiones sangrientas,
suficiente (según la teoría) para dar la ilusión de los estigmas. Otras
personas afirman la "locura" de los estigmatizados, quienes según ellos,
se infligen las llagas por sí mismos. Una acusación que no tiene fundamento
dado que en las heridas no hay infección, lo que ciertamente sucedería
si alguien diariamente hiciese algo siempre en la misma herida. Muchos
análisis llevados a cabo sobre los cuerpos de los estigmatizados ha tenido
todos el mismo veredicto. Se trata de un fenómeno al que no se puede dar
una explicación razonable y científica. Las heridas no se infectan, no
están sometidas a putrefacción y no huelen mal. Además pueden aparecer
de varias maneras. Pueden ser permanentes, con sangraciones diarias, o
ser invisibles y aparecer solamente en determinados períodos del año como
en Semana Santa.
La tradición cristiana dice que San Francisco de Asís ha sido el primer
estigmatizado de la historia. Pero hay quien afirma que el primer estigmatizado,
después de Jesús, ha sido el apóstol PABLO. De hecho él, en la carta a
los Gálatas VI, 17 afirma que lleva sobre sí mismo los estigmas de la
crucifixión de Cristo. Él se unió a los discípulos en un período de crisis
y su llegada ayudó a enfocar la misión, es decir el testimonio de la palabra
del Maestro.
Carta de Pablo apóstol a los Gálatas capítulo 6-17
"De aquí en adelante nadie me cause molestias; porque yo traigo en mi
cuerpo las marcas del Señor Jesús". Hace casi ocho siglos San Francisco,
con quien según la tradición y la convicción, se inicia la historia de
la estigmatización, empieza su propia obra y sucesivamente recibe los
signos de Cristo en un momento de grandes revoluciones en el mundo eclesiástico.
La Iglesia está abandonando lentamente sus antiguos principios de pobreza,
caridad, igualdad entre los fieles para asumir el aspecto de un poder
muy jerarquizado y demasiado acomodadizo sobre algunas actitudes (como
las simonías), mientras era necesaria una actitud más severa e intransigente.
Nacen así muchos tipos de movimientos reformadores, algunos reprimidos
con la fuerza, otros "tolerados" porque según la Iglesia eran inofensivos,
otros apoyados por la Iglesia misma.

FRANCESCO nace en Asís en el
invierno del 1182, hijo de Pietro de Bernardone y Madonna Pica, una de
las familias más acomodadas de la ciudad. El padre es comerciante de especias
y tejidos. Vive su juventud serenamente con la familia y Francisco puede
estudiar con tranquilidad. El padre desea que emprenda lo antes posible
la actividad del comercio. A los 20 años participa en la guerra entre
Asís y Perugia y cae prisionero. La prisión y las privaciones transforman
el alma del joven y cuanto más se debilita su cuerpo más siente dentro
el valor de la caridad y del bien hacia los demás. Vuelve a casa enfermo
gravemente y sólo gracias a las atenciones, que con gran amor le da su
madre y al tiempo, se restablece, pero la vida despreocupada a la que
había vuelto le parece vacía.
Siguiendo sus ideales de lucha decide seguir a un comandante hacia el
sur de Italia, pero una vez llegado a Spoleto, se le aparece el Señor
que le ordena de volver atrás, este es el inicio de una conversión gradual.
Durante una breve estancia en Roma se despoja de su ropa y de su dinero,
más tarde delante de un leproso no escapa como hacían todos, sino que
se acerca a él y le besa. Los amigos se reían de él, el padre no escondía
a nadie su desilusión, solo su madre le confortaba. Francisco elige el
silencio y la meditación entre los campos y las colinas de Asís, visitando
a menudo la pequeña Iglesia de San Damián en las cercanías de la ciudad
y el crucifijo que estaba en la capilla le habla: "Vete, arregla mi casa
que está en ruinas". Entonces Francisco vendió los tejidos que estaban
en el almacén de su padre y llevó el dinero al sacerdote de San Damián,
pero la ira de Pietro de Bernardone obligó a Francisco a esconderse. El
altercado con su padre se resuelve solo gracias a la intervención del
Obispo de Asís, ante su presencia Francisco renuncia a todos los bienes
paternos.
Empieza un período de desplazamientos: pertenece a ese período el episodio
del lobo de Gubbio, un animal que daba terror y muerte que se vuelve manso
después de haber escuchado las palabras del Santo. Las acciones de Francisco
no pasan desapercibidas y después de poco tiempo, se unen a él los primeros
seguidores: Bernardo da Quintavalle, Pietro Cattani, poco después Egidio
y Filippo Longo. Las primeras experiencias con los compañeros tienen lugar
en la pianura de Asís, en el Tugurio de Rivotorto y en la Porziuncola;
todos los compañeros se visten como Francisco con un hábito y trapos.
La fecha oficial del nacimiento de la Orden de los Hermanos Menores es
el 1210, cuando Francisco y sus compañeros son recibidos por el Papa Inocencio
III, quien aprueba de palabra la Regla. El Papa, en un sueño, tiene la
visión de la Basílica Lateranense en ruinas y un hombre que la sostiene
para evitar que se destruya, ese hombre es Francisco. Empiezan los contactos
con Clara de Asís y nace así la Orden de las Pobres Damas de San Damián,
llamadas Clarisas después de la muerte de Clara. En el 1213 Francisco
recibe del Conde Orlando de Chiusi el Monte de la Verna. Empieza a predicar
en una zona más amplia y llega hasta Marruecos, pero una enfermedad le
detiene en España.
En el 1216 obtiene de Onorio III la indulgencia de Porziuncola, El Perdón
de Asís, la más importante de la cristiandad después de aquella de la
Tierra Santa. En el 1219 Francisco parte hacia Acri y Damietta siguiendo
la cruzada y llega a Egipto, a la corte del Sultán Melek el-Kamel, para
llegar después a Palestina. Mientras tanto la Orden cuenta sus primeros
mártires, asesinados en Marruecos. En el 1220 Francisco vuelve a Asís
donde sus ideales de pobreza, caridad, sencillez hacen brecha en mucha
gente. Inicia así un nuevo ciclo de predicaciones por Toda Italia. En
Fontecolombo, en las cercanías de Rieti, redacta una nueva Regla, aprobada
por Onorio III. En Greccio, en diciembre, instituye el Pesebre, una tradición
amada por la cristiandad. En el 1224, sobre el Monte de la Verna, recibe
los estigmas, el signo de Cristo que demuestra la bondad de su obra. Un
signo incluso para sus mismos hermanos que, en ese periodo, dudan mucho
sobre la obra que tienen que cumplir y poco a poco se estaban dividiendo.
Nace un gran debate sobre este "hecho". Dan testimonio de los estigmas
Fraile Elías y Fraile León por medio de cartas. Francisco, cansado y enfermo,
es curado en San Damián, huésped de Clara y de las Hermanas. Aquí compone
el Canto de las Criaturas, obra que comprende todos los ideales de la
humildad y de la grandeza franciscanas. Sintiendo cerca su fin terreno,
Francisco pide que le lleven a la Porziuncola en Santa María de los Angeles,
donde muere durante el ocaso el día 3 de octubre de 1226. Dos años después,
el 16 de julio, el Papa Gregorio IX le declara Santo.
La experiencia religiosa de Francisco de Asís presenta algunos aspectos
muy interesantes y que están en relación entre ellos y que hay que observar
con mucha atención. En primer lugar chocan, el abandono total de sus propias
posesiones, de sus propias aspiraciones y de su propia identidad para
entregarse a Dios. Una acción que hace de él un ejemplo de personificación
del Evangelio. Efectivamente, él demuestra que cree verdaderamente en
Dios, no intenta modificar o interpretar el Evangelio según su propia
conveniencia, sino que sencillamente pone en práctica las enseñanzas dadas
aunque comporten sufrimiento y sacrificio.
Francisco dedica su vida a leer y a volver a leer con atención y humildad
las enseñanzas de Jesús. Y es precisamente la humildad otro de los aspectos
que caracterizan las vivencias de San Francisco. Su humildad es absoluta,
hasta el punto que en algunos momentos parece excesiva.
Al contrario de todos Francisco escapa de la muchedumbre que lo aclama,
evita con firmeza que le consideren un "nuevo Mesías". Está siempre dispuesto
a investigar y aprender cualquier enseñanza no-solo por parte de sus hermanos,
sino de todos los elementos de lo Creado, incluso de las piedras. Seguramente,
el haberse puesto totalmente en las manos de Dios y la humildad no son
adjetivos suficientes para definir a San Francisco.
Otro elemento que le caracteriza y que es quizás el más importante, es
el alma serena, alegre y predispuesto a vivir positivamente su vida terrena.
La sonrisa y la tranquilidad perenne dan a San Francisco la fuerza para
vivir continuamente entre los leprosos, entre las bestias feroces, en
medio de todo lo que la sociedad de aquel tiempo marginaba. Teniendo en
consideración estos importantes aspectos del carácter de San Francisco
de Asís, destaca la figura de un hombre "ciego de Dios": él se confía
con alegría y humildad a las palabras y a las enseñanzas del Creador,
dedicándole cada instante de su vida. Seguramente este cuadro hace que
San Francisco sea el modelo a seguir para todo Cristiano y es mas, da
la seguridad de que seguir al pie de la letra el Evangelio no es una cualidad
exclusiva de Jesús, sino que es posible para cualquier hombre.

Como él, también PADRE PIO es
sinónimo de esta sencillez y portador del mismo mensaje. Los signos del
Fraile de Pietralcina se manifiestan dentro de la Iglesia Católica para
recordarle sus orígenes y para poder ser un faro de referencia para la
reconstitución moral y espiritual de la humanidad entera. Una misión precisa
y comprensible para todos. Él recomienda la oración y la humillación personal
y en grupos, exhortando de todas maneras a acciones positivas y resolutivas.
Él da el ejemplo. Con el dinero de las donaciones construye un hospital
grandísimo, una acción increíble por parte de un simple franciscano. Un
signo para la mucho más potente iglesia, que seguramente estaba en condiciones
de realizar obras aún más grandes. Pero Padre Pío no se limita solo a
esto. De hecho es uno de los primeros en hablar del regreso del Maestro,
en decir que el hombre no está solo sino que hay otros seres en el universo
que obedecen a las leyes crísticas.
PADRE PÍO: Francisco Forgiane, nace en Pietralcina el 25 de mayo del 1887.
Desde joven tiene que convivir con el sufrimiento a causa de las continuas
enfermedades que nadie conseguía curar definitivamente. En 1903 entra
en la Orden de los Capuchinos, después tuvo que hacer el servicio militar
durante la guerra mundial. Una vez licenciado se traslada a San Giovanni
Rotondo. En la mañana del 20 de septiembre de 1918, Padre Pío se encuentra
en la iglesia, en el coro, de improviso "se duerme". Delante de él aparece
una figura con las manos, los pies y el costado ensangrentados, es el
Maestro. Al final de la aparición se da cuenta de que también él tiene
estos signos. En el pueblo se propaga la noticia del fraile con los estigmas,
hay quien dice que es un "milagro" y quien mira estos signos con escepticismo.
Cuando la noticia llega a oídos de los entes eclesiásticos, se decide
inmediatamente profundizar la naturaleza de estos estigmas, para que el
"fenómeno" Padre Pío no se convierta en algo que no se pueda controlar.
Han sido muchos los estudiosos del "caso" Padre Pío, las opiniones son
a menudo discrepantes y de cualquier modo no claras en relación con el
fenómeno del fraile. El primer médico encargado de "estudiar" los estigmas
de Padre Pío fue el profesor Luigi Romanelli, médico responsable del hospital
Civil de Barletta en junio de 1919. Su veredicto es: "Las heridas de Padre
Pío no se pueden clasificar, por sus características y por el discurso
clínico, tomando en consideración las normarles lesiones quirúrgicas:
vienen de otro origen que yo no conozco". Además Romanelli destaca la
profundidad de las lesiones aparte de la gran cantidad de sangre arterial
que fluye. De las heridas emana un perfume dulce y no terminan en necrosis.
El profesor Amico Bignami, patólogo de la universidad de Roma, durante
una relación el 26 de julio del 1919 sostiene que las lesiones están afectadas
por una necrosis de la epidermis de origen neurótica y que la simetría
se debía a la sugestión. Es decir que niega el origen sobrenatural de
los estigmas del fraile.
El Padre Provincial de Padre Pío, Padre Pietro da Ischiatella, relata:
"Durante un examen al que había sometido en el 1919 a Padre Pío, le dije
que pusiera las manos abiertas encima de la mesa cubierta con periódicos.
Cuando se quitó los guantes vi el agujero que traspasaba las manos desde
una parte a la otra. Podía ver incluso las letras grandes de prensa de
los periódicos a través de las heridas. Si mis superiores me preguntan,
daré testimonio de ello con el juramento."
También esta vez la Iglesia va con los pies de plomo. Se ve obligada a
renunciar a la idea de alejar Padre Pío solo por temor a desórdenes en
el pueblo. Por este motivo le permiten de celebrar la Misa en una celda
del Convento, cerrado con llave. Le indican un itinerario fijo que tiene
que respetar en el caso que tenga que desplazarse prohibiéndole cualquier
tipo de contacto con el exterior. La actitud del Santo Oficio está clara,
Padre Pío representa un "problema" que hay que resolver lo que se confirma
el 24 de julio del 1924 con una exhortación para los fieles mas bien grave:
"...Teniendo en poder sucesivas informaciones de muchas fuentes seguras,
cree que es su deber amonestar de nuevo a los fieles con palabras aún
más graves para que se abstengan de mantener cualquier tipo de relación,
aunque sea epistolar, como signo de devoción hacia dicho Padre..."
Sin embargo la noticia de las heridas de Padre Pío no queda oculta. San
Giovanni Rotondo se convierte en la meta de muchedumbres. No solamente
personas devotas sino también periodistas, estudiosos, curiosos y también
criticones. Quizás por esta razón la reacción del ambiente eclesiástico
no es de las mas tiernas y si mas de una vez se evita el traslado es solo
gracias a la población, que cada vez que se esparce la voz sobre esta
posibilidad, manifiesta con fervor y convicción su contrariedad. La lucha
entre los que están a favor y en contra de Padre Pío dura hasta el 1935.
La Iglesia se verá obligada a rendirse ante la voluntad de la gente. Así
Padre Pío de Pietralcina puede volver a ejercer su ministerio sacerdotal,
confesar a miles de personas e inspirar a "Grupos de Oración". Su obra
más grande, es de todos modos la de haber utilizado las donaciones de
las personas que venían a visitarle para construir la "Casa Sollievo della
Sofferenza" (Casa de Alivio del Sufrimiento). Bilocación, clarividencia,
profecías, capacidades terapéuticas, "aroma" extraordinario que emanaba
de él; todo esto se atribuye a esta persona que está considerada como
el más grande místico de nuestro tiempo. La estigmatización permanente
dura hasta el 1968, año de su muerte. Menos conocidos pero no por esto
menos importantes son las experiencias de Anna Katherina Emmerick, María
Teresa Neumann y Antonio Ruffini.

ANNA KATHERINA EMMERICK: Nace
en Coesfeld en Westfalia (Norte de Alemania) en el 1774, quinta de los
nueve hijos de los esposos Emmerick. Desde niña empieza a tener sus primeras
experiencias místicas. Se le aparecen figuras sagradas, el ángel de la
guardia, la Virgen, el Niño Jesús y otros santos. Ella cree que lo que
le sucede es normal y que todos ven las mismas cosas, pero no es así.
Conoce las propiedades de las hierbas por instinto y es capaz de distinguir
los objetos sagrados de los profanos. Ana Katherina, siguiendo esta vocación,
hubiera querido entrar en el convento, pero no le es posible. A la edad
de 28 años corona su sueño y entra en el convento de las "Agostinas de
Dulmen", un pequeño pueblo cerca de Coesfeld. Allí permanece nueve años.
Una noche, mientras reza, se le aparece Jesucristo que le ofrece una corona
de rosas y una de espinas. Ella elige la de espinas y el Maestro se la
pone sobre la cabeza: alrededor de la misma aparecen enseguida los primeros
estigmas. Más tarde, siempre después de la aparición del Maestro, aparecen
también las heridas en las manos, en los pies y en el costado. Su salud
empeora poco a poco. Seguido a la orden de Napoleón de disolver todas
los órdenes religiosas, Anna Katherina Emmerick tiene que trasladarse
y entra como gobernanta de un sacerdote francés, que fue su padre espiritual.
Cuando la salud la obliga a estar en la cama, le arreglan una habitación
en la casa de una familia de la zona, la cuida su hermana. Será en esta
habitación donde contará al poeta Clemens Brentano sus visiones. Mientras
tanto, el fenómeno místico de Emmerick aumenta. Los estigmas que sangran
periódicamente, son analizados por el doctor Wesener, que primero es escéptico,
pero después se vuelve devoto de la vidente; y también por parte de una
comisión eclesiástica y estatal que la controlan durante varias semanas
incluso usando métodos no muy delicados. Mientras tanto la monja estigmatizada
deja de alimentarse. Durante años le basta la hostia consagrada y algunas
gotas de agua o de zumo. Es poco decir que sus relatos (visiones) son
grandiosos. Hacen referencia tanto a la historia sagrada como a los hechos
de ese período, como por ejemplo la revolución francesa descrita detalladamente.
La fama de la vidente aumenta y numerosas personalidades van a visitarla.
Entre ellas Clemes Brentano. El poeta, una de las figuras que más representan
el romanticismo alemán, se queda tan impresionado que decide de establecerse
en Dolmen, donde vive seis años y escribe día a día lo que la joven relata.
Diecisiete mil páginas, en las que se describe detalladamente la vida
del Maestro Jesús y de la Virgen. Una integración al evangelio. Lo que
más impresiona a Brentano es el modo como le recibe la estigmatizada,
con mucha cordialidad y alegría. Se siente enseguida como en casa, pero
solo mas tarde llega a saber que la monja le había reconocido inmediatamente
como la persona que veía en sus visiones, destinada a escribir lo que
se le aparecía. Así por la noche Anna Katherina vive sus experiencias
y en la mañana siguiente las cuenta a Brentano quien intenta escribir
lo mas exactamente posible lo que le relata. Desgraciadamente, este pasaje
es precisamente al que se agarran los teólogos y los escépticos para desacreditar
la veracidad de los documentos que, según ellos, no son obra de la vidente
sino del mismo Brentano. Sin embargo, la misión de la estigmatizada alemana
es exactamente la de dar a conocer a todos la verdad, como resulta de
los escritos del biógrafo Thomas Wegener: "…Dios revela varias veces a
su sierva que se le concedía el conocimiento de las verdades sagradas
no solo para sí misma sino para la formación de los fieles…" "Muchas maravillosas
informaciones que he recibido por la voluntad de Dios no me han sido dadas
solo para instruirme, dado que yo no podía entender muchas cosas, sino
para que la transmitiera a los demás; es más, a menudo me ha sido ordenado
que lo haga". Después de la muerte de la monja, en el 1824, Clemens Brentano
se dedica completamente a la divulgación.
Antes de morir también él, consigue imprimir algunos libros, sobre la
pasión y la muerte de Jesucristo, sobre la vida de la Virgen, sobre el
antiguo testamento, etc.
Quedan todavía muchos apuntes que no están traducidos y que son difíciles
de descifrar. Un aspecto extraordinario de estos textos es la descripción
minuciosa de las informaciones históricas y ambientales que sorprenden,
sobre todo si se piensa que K. Emmerick no había viajado mucho. Las descripciones
de Anna Katherina Emmerick han encontrado mas de una confirmación siendo
que, gracias a ellas, ha sido posible encontrar la casa de la Virgen en
Efeso, donde la Virgen fue a vivir después de la muerte y resurrección
de su hijo el Cristo. El hallazgo ha sido reconocido por las autoridades
religiosas y civiles.

MARÍA TERESA NEUMANN: Teresa
Neumann nace en Konnersreuth, un pequeño pueblo del noreste de Baviera,
el 8 de abril del 1898. Aún antes de la aparición de los estigmas, durante
la Pascua del 1926, Teresa ya había sido "marcada" por el Señor. El 10
de marzo 1918, Resl, como llamaban a Teresa, tiene un grave accidente
y después de pocos días tiene que estar en la cama. Mas tarde tiene un
segundo accidente que la deja ciega. Son años de sufrimiento, durante
los cuales Teresa se siente casi inútil, un peso para su familia. Después
en el 1923, el día de la beatificación de Santa Teresa de Lisieux, sucede
el primer milagro. Como todos los días, Resl se despierta y abre los ojos
y se da cuenta que distingue todo lo que estaba alrededor. Dos años después,
se le aparece un ser, envuelto en una luz extraña. Le pregunta si quiere
sanar, pero al mismo tiempo le dice que sus sufrimientos no habrían terminado.
Después de la aparición, Teresa se levanta y empieza a caminar. En 1926,
en la noche del 4 de marzo, después de una aparición de Jesucristo aparecen
los estigmas. Al principio la llaga en el costado izquierdo, seguida de
las demás. A partir de Navidad, María Teresa empieza a ayunar y lo hará
durante 36 años. Un ayuno que en aquel entonces y también hoy es motivo
de grandes debates, dado que se piensa que sea imposible. Hasta una comisión
medica vigila ininterrumpidamente durante 15 días los movimientos de la
vidente y los médicos declaran que los estigmas son auténticos y confirman
que la mujer no había tomado ninguna sustancia durante el período de los
análisis. Vive unas 700 veces la Pasión de Cristo en sus visiones. El
doctor Johannes Steiner describe así una sangración suya: "La imagen de
un perfecto e impresionante martirio, aunque siempre noble, conmovedor
y compuesto. Se ven las manos que se mueven alrededor de la frente, como
para alejar las espinas, los dedos de las manos que se contraen por los
espasmos dolorosos debido a los clavos de la crucifixión, la lengua que
intenta humedecer los labios secos…" Durante las visiones, es impresionante
la sangre abundante que sale de sus heridas. La expresión de la cara refleja
el gran sufrimiento físico y espiritual. Su dolor no es solo por las llagas,
ella sufre viendo como han tratado al "Salvador", como acostumbraban a
llamar al Maestro Jesús, los insultos, las torturas. Durante los éxtasis
Resl solía pronunciar palabras en idiomas que no había estudiado nunca.
Habla en griego, en latín, en francés, hasta en arameo. Muchos expertos
se quedan sorprendidos por esta facultad y entre ellos el profesor Wutz.
Le impresiona la palabra "As-che" que significa "ho sete". En aquel tiempo
los estudiosos del Nuevo Testamento señalaban este concepto con la palabra
"sachena". Lleva a cabo estudios exhaustivos llegando a descubrir que
Jesucristo dijo justo esa palabra. Esta es una de las pruebas mas convincentes
que demuestran la naturaleza sobrenatural de las visiones de Teresa. Nunca
se ha lamentado ni durante esta experiencia ni durante las otras. La estigmatizada
era feliz de poder hacer la voluntad de Dios y de ser un instrumento de
ejemplo de amor para el prójimo.

ANTONIO RUFFINI: Un misionero
con los estigmas, no muy conocido, pero muy humilde de verdad. Un hombre
sencillo que jamás hubiera pensado que habría recibido un signo así de
grande. Su experiencia inicia el 12 de agosto de 1951, a la edad de 44
años. Era un representante de comercio y estaba regresando a casa después
del trabajo. Siente la necesidad de beber. "¡Extraño!", piensa. "No he
comido nada de salado". "¿Dónde bebo si aquí no hay agua?" Cuanto más
continuaba por su camino, mas aumentaba la sed. Ve un coche fuera de serie
aparcado y decide acercarse. Los dueños de ese coche estaban jugando con
su perro, cuando un niño, vestido pobre, se acerca y les pide un pedazo
de pan. Ellos le piden que se vaya molestos. Entonces Ruffini llama al
niño y le da en las manos todo lo que tenía, treinta liras. Reanuda su
camino y la sed aumenta; finalmente ve una fuente y a unos pasos de distancia
ve a una mujer. Le pregunta si el agua es potable, le dice que si y se
inclina para beber. "Acerqué los labios a la fuente (cuenta durante una
entrevista con Anna María Turi) pero, extrañamente, antes de beber, la
sed había desaparecido. Al mismo tiempo, me quedé impresionado porque
vi en mis manos que el agua se volvía roja, roja de sangre". Entonces
la mujer le pregunta qué le estaba pasando y empieza a hablarle de Jesucristo
y de los Apóstoles. Pasa un poco de tiempo y aparecen los estigmas en
los pies y en el costado. La misión de Ruffini se desarrolla en Africa,
específicamente en Ghana. Visita las aldeas, bautiza a los niños y cura
a los enfermos con medicinas que él mismo prepara. Los prepara guiándose
por el instinto, algo interior le indicaba como hacer. Lo que sorprende
es que entiende el idioma del lugar y lo hablaba también. Vuelve a Italia
y decide entrar en la orden franciscana. Incluso el Papa Pablo VI, después
de haberle recibido reconoce que son auténticos. Ruffini muere el 31 de
julio del 1993 de ancianidad, con serenidad, la misma serenidad que le
había acompañado toda la vida.

Hoy, el estigmatizado más famoso es seguramente GIORGIO BONGIOVANNI, cuya biografía ha sido
descrita precedentemente.
En un mundo saturado de materialismo todos estos signos representan la
prueba física de la existencia de un mundo espiritual que va mas allá
de nuestras percepciones sensoriales y nuestros conocimientos humanos.
No escuchar, o de cualquier modo fingir no ver tales signos no significa
solo cometer de nuevo el mismo error de Tomás, sino peor aún, porque esta
vez, aún tocando, el hombre no cree en el mensaje que nos llega a través
de estos medios. Nadie ha creído a Anna Katherina Emmerick. La sangre
de sus estigmas ha acompañado eventos extraordinarios de la historia del
hombre, pero también los más obscuros de su evolución espiritual: desde
la revolución francesa, hasta las conquistas napoleónicas, el Congreso
de Viena con las injustas divisiones de los pueblos, la industrialización,
el nacimiento del materialismo histórico y de los odios nacionalistas.
Se puede ver todo esto detrás de la saña por parte de las autoridades
religiosas y civiles contra el "caso Emmerick". Mientras los hombres se
sometían a la masacre de las grandes guerras, la Pasión de Cristo se manifiesta
en la cama de una campesina de Bavaria: Teresa Neumann. Durante toda su
obra ha seguido el calvario del Salvador, así como el de los soldados
en las trincheras de todo el mundo, el de los campos de exterminio, de
los tanques, del hambre, del sufrimiento de millones de familias, del
de cientos de millones de muertos, hasta la aparición del hongo atómico.
También San Francisco que se había retirado solitario en la montaña de
la Verna, recibe los estigmas como signo para sus hermanos que se estaban
dividiendo.
Los estigmas representan la garantía del mensaje de quien es portador
del mismo. No es un signo personal, como afirma la Iglesia, sino que representan
un signo para la humanidad, para los creyentes, para quien tiene fe. Son
signos del Maestro Jesucristo que manifiesta su presencia entre los hombres.
Una amonestación, pero también una esperanza, esperanza para aquellos
que han entregado su propia vida al Hijo del Hombre, quien, recordémoslo
siempre, ha prometido que regresará al mundo "con gran potencia y gloria
sobre las nubes".
Aaron
Pettinari
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