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3ºMENSAJE DE FÁTIMA MENSAJES
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EUGENIO SIRAGUSA CONTACTADOS

 

 

  ALLÍ ESTABA

Era la noche anterior a que Giorgio partiera a la ciudad de Treinta y Tres donde daría una charla. Me encontraba un poco triste de no poder acompañarlo por razones operativas, pero aceptando lo que el Cielo determina como Giorgio siempre me ha enseñado. Hasta el momento nada hacía pensar lo que sucedería en unos minutos. Pero con el Cielo nuestra lógica no tiene cabida. Entonces, Giorgio, sin razón aparente, se puso algo nervioso, nos disponíamos a mirar televisión y de repente me ordena de apagar todo y lo acompaño a su cuarto, le llevo las cosas que esa noche durante su vigilia leería, como todas las noches, salvo su nerviosismo todo parecía ser como una noche más.
De repente me toma de la mano, su corazón late más rápido y sus pupilas se dilatan, alcanza a decirme: “¿Te acuerdas de Fátima?, ¿Has visto las fotos?” Yo le contesto que si, un poco asombrada por la pregunta y el solo dice, con mi mano entre la suya, “no te asustes” ...y no fue más él.
Caminó como en trance dos pasos y cayó al suelo, yo intenté sujetarlo como pude, su peso supera ampliamente mis fuerzas.
Intuitivamente comprendí todo; el porqué de la pregunta, el porqué me dijo que no tuviera miedo, el porqué de su nerviosismo. La presencia de la Madre Celeste se evidenció, se evidenció por el ambiente, por la congoja de mi espíritu, que inmediatamente se sintió indigno de estar presente cuando ese milagro sucedía, indigno siquiera de secar las lágrimas que recorren el rostro de mi Amigo, mi Mentor, Giorgio. Se evidenció porque Giorgio entró en éxtasis.
Sus ojos que no pestañearon durante los veinte minutos que dura el éxtasis, se pierden, su respiración casi es imperceptible.
Lo escucho, apenas, que con dulzura le habla a Su Madre Celestial: “Madre Mía, Madre Mía, Te Amo, Te Sirvo”... y sus palabras quedan cortadas, sus manos se juntan como en oración.
Mi pobreza espiritual me empuja y acaricio a Giorgio, seco sus lágrimas, beso su frente, sintiendo un profundo Amor. Mis caricias y mis besos intentan consolar, a quien, en realidad, en ese momento está recibiendo el consuelo más grande que el Hombre pueda necesitar.
Y estábamos allí dos seres diferentes, Mentor y Discípulo tirados en el suelo, frente a la presencia de la Madre del Cristo, quien nos ha dado el ejemplo de Amor maternal más grande de la Historia, Amor Encarnado, Corazón Inmaculado que visita al Siervo de los Siervos de Dios a dar su anuncio.
Y estábamos allí, postrados los dos, representación clara de la Jerarquía Celestial, mi Mentor sirviéndole a Ella, a la Virgen, yo sirviendo a mi Mentor, Giorgio y los tres sirviendo al Padre. Una noche de octubre, cuando la sentencia final, el último llamado, toma forma en el Alma de Giorgio, quién inmediatamente me dicta el mensaje que la Virgen le acaba de dar. Y estaba allí como espero estar cuando el Cristo retorne, como quisiera estar cada vez que Giorgio o mis Hermanos me necesiten, si mi condición Humana no me vence.

Erika Pais
7 de octubre de 2006
Montevideo, Uruguay

 

 

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