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1MuccioliPor Stefano Centofante
San Patrignano, una comunidad terapéutica para la recuperación de toxico-dependientes en Italia. Fue fundada en el 1978 por Vincenzo Muccioli, un gran hombre inspirado por Dios a quien le fue encomendada una misión tan grande que parecía irrrealizable, al límite de lo imposible, pero lo logró.

El 10 de Diciembre 2016 tuve el privilegio de poder vivir esta experiencia tan importante para mi y para los demás jóvenes con los que hice este viaje.

Habíamos oído hablar de San Patrignano, sabíamos cuanto era importante el trabajo que se hacía en esta comunidad y cuanto se parecía a lo que vivimos nosotros en nuestras arcas.

Es así que con Giovanni Bongiovanni al volante y una furgoneta de 9 puestos partimos para ir a conocer esta realidad. Éramos... Giovanni, yo, Lorenzo Capretta, Ivano, Sofía, Sonia Tabita Bongiovanni, Rita, Noemi y Asia; un grupo formado sólo por jóvenes y jovencitos. Durante el viaje Giovanni y Lorenzo nos fueron ilustrando el lugar que estábamos por visitar, su historia y en lo que se ha convertido hoy.

Ya las primeras informaciones que nos daban nos dejaban fascinados pensando en cuanto trabajo había detrás, en como era enorme todo... pero lo imaginábamos sólo con la mente, no podíamos imaginar lo que nos esperaba.

Utilizamos el celular como GPS para llegar a nuestro destino, pero a un cierto punto ya no nos servía más, desde lejos empezamos a divisar una estructura tan grande que no se podía confundir con nada, habíamos llegado.

Nos pusimos los abrigos, tomamos nuestras mochilas y bajamos.

Nada más entrar estaba Luigi, el brazo derecho de Muccioli (fundador de San Patrignano) y actual coordinador de la estructura. Nos presentamos y enseguida percibimos un amor increíble y un espíritu de servicio fuera de lo común.

Empezé a mirar a mi alrededor y enseguida noté a algunos chicos, que estaban en la comunidad, algunos de ellos muy afectados por la droga, otros menos, pero noté en todos una profunda seriedad y deseo de cambiar.

Una vez terminadas las presentaciones, empezamos nuestra gira por el interior de este “mundo”, porqué se podría decir de verdad que es un planeta diferente al que ya conocemos, donde la sociedad enferma que nos oprime no puede penetrar.

Todos notamos las enormes dimensiones de todo lo que había allí, mientras caminábamos veíamos edificios de grandes dimensiones, equipos profesionales, carreteras, campos de deportes, empresasvy de todo, en pocas palabras, una propia y verdadera ciudad en miniatura.

Absortos en lo que veíamos, empezamos a bombardear a Luigi de preguntas de todo tipo. Él nos explicaba que dentro de San Patrignano viven y trabajan 1.600 personas, entre jóvenes internados, educadores y colaboradores externos.

La primera actividad que Luigi nos lleva a ver es la Tipografía. Giovanni y yo, conociendo bastante bien el sector, nos quedamos inmediatamente estupefactos del orden y de la limpieza sin igual. Siendo un lugar donde se trabaja con tintas de todo tipo, y otras cosas, es prácticamente imposible mantener esa limpieza...

Nada más entrar nos recibió un chico, Gennaro, este último serà una figura fundamental de nuestro viaje.

Con un entusiasmo contagioso, empezó a ilustrarnos el trabajo que desarrollan ahí dentro, las máquinas, de qué se encargaba cada uno de ellos y, hablando, descubrimos que teníamos intereses en común, como el trabajo que hago, el teatro y la danza, pero no sólo eso... En él descubrimos una sensibilidad y un sentido del deber que nos sorprendían. Un chico de solo 24 años, que decidió emprender este camino cuando tenía solo 20, haciendo que crecieran fuertes dentro de él los valores que también nosotros profesamos: Amor, Fraternidad y Justicia, y cuanto mas hablamos más nos atrae la luz fulgurante de Gennaro.

Seguimos el recorrido, presentándonos a otros jóvenes que trabajaban juntos. En otro de ellos distinguimos la misma luz, los mismos valores que habíamos visto en Gennaro. Nos sentíamos felices porque nos sentíamos libres de hablar de cualquier cosa con ellos, porque veíamos que eran como nosotros.

Poco después Gennaro, terminada la gira por la tipografía, tuvo que dejarnos pero quedamos que nos veríamos después a la hora de comer y reanudamos nuestro tour siempre guiados por Luigi. Nos mostró muchísimas cosas, como la cocina donde producen su pan, con el que se nutren todos los días, el pabellón deportivo, donde hacen varias actividades deportivas y teatrales, sus producciones vitivinícolas que venden en el exterior, las escuelas de todo tipo, desde la guardería a la escuela superior. Los estudiantes pueden incluso sacar la licenciatura siguiendo cursos online.

Vimos a niños jugar serenos en los campos de baloncesto y de fútbol, niños que viven ahí dentro...

Nos paramos a hablar con Luigi del creador de todo esto, Vincenzo Muccioli. Nos explicó que no era un hombre común, él empezó todo esto no sólo por un sentido del deber, sino porque había tenido una inspiración...

Recibió una misión y la cumplió hasta el día de su muerte. Luigi nos contó además algo estremecedor que yo no conocía ni podía imaginar. Muccioli, en los últimos días de su vida, recibió en las palmas de sus manos los signos de Cristo, como los que tiene nuestro Giorgio, los estigmas... La prueba de que era un hombre de Dios enviado para cumplir una misión.

A la hora de comer nos dirigimos hacia el “comedor”, y nos quedamos extasiados por cuanto era inmensa la estructura, que intintivamente intentamos comparar con nuestra arca. El comedor podía acoger 1300 personas, es decir que no todos, el resto de las personas o iban a casa o a comer en otro lugar, según las exigencias.

Las mesas las servían los mismos chicos que, hasta unos minutos antes, estaban desempeñando otras actividades. Luigi nos explicó que los chicos, a turnos, se alternan en la cocina, servir a las mesas, etc..., no importa de que tarea se ocupen dentro de la estructura, desde quien trabaja en los campos, o quien ocupa un puesto de responsabilidad, cuando hay que subirse las mangas, dejan de lado lo que están haciendo y se ponen manos a la Obra.

Como estaba prometido, llegó Gennaro, entusiasta de estar de nuevo juntos, se sentó a mi izquierda, en frente de Giovanni, mientras a la derecha estaba Ivano. Desde el primer momento empezamos a hacer preguntas, nos contó que había sido heroinómano y que tenía una novia con quien habían decidido emprender este camino, porque habían comprendido que estaban literalmente “echando a perder su vida”.

Después de unos meses en el centro, decidieron romper su relación afectiva porque se dieron cuenta de que no había un sentimiento entre los dos, sino simplemente el deseo de consumir heroína. Hablando percibíamos que este expléndido joven tenía una predisposición hacia la realidad que nosotros vivimos.

Así, con la ayuda fundamental de Giovanni, empezamos a hablarle de nuestro maestro espiritual Giorgio, empezando por nuestro compromiso en Antimafia. Hablamos de los signos Crísticos y de su misión. Gennaro nos mira con la mirada fija y mucha atención, escucha toda la historia y se queda tan impactado que pide a Luigi el permiso de venir a visitarnos para conocer a Giorgio y nuestra humilde Arca.

Mientras seguíamos hablando, en el inmenso comedor, de improviso se oyó una palmada de manos...

1300 personas, completamente en silencio, se pusieron de pie, nosotros nos quedamos un poco cortados, pero hicimos lo mismo, después de pocos segundos nos hicimos el signo de la cruz y nos sentamos; todo se volvió como antes, se siguió hablando, bromeando. Gennaro nos explicó que, en esos momentos de silencio, cada uno de los chicos hacía una reflexión consigo mismo, un breve momento de recogimiento, como una comunión (una expresión tan querida para nosotros).

Los chicos que servían a las mesas, lo hacían con una rigidez increíble, primero servían por un lado de la mesa, después por el otro, preguntando a cada uno de los presentes que porción deseaban del menú que había ese día. Siempre Gennaro nos avisó que podíamos comer lo que queríamos, pero lo importante era que no se dejara nada en el plato, por una cuestión de respeto. Después de comer nos despedimos de Gennaro, este chico que nos ha impactado y nos dejamos con la promesa de vernos pronto en nuestra Arca de Sant’Elpidio a Mare.

Seguimos con nuestra visita y vimos a jóvenes de todo tipo y que venían de todas partes del mundo. Tuvimos la oportunidad de visitar el area del ganado, los caballos, entre los que estaba el campeón mundial de salto con obstáculos, vimos un estupendo campo de futbol que Luigi nos dijo que había sido donado generosamente por el equipo de futbol del Lazio.

Llegamos al final de nuestro viaje, pasando por el “villaggio” (pueblo), como lo llaman, donde están las casas en las que viven los chicos, pequeñas y humildes casitas de madera, pero al mismo tiempo muy cálidas y acogedoras.

Ya de vuelta al punto donde empezamos nuestro recorrido, nos despedimos de Luigi, agradeciéndole por el tiempo que nos había dedicado y por haber dejado en nosotros algo que no tiene precio, algo que quedará dentro de nosotros por toda la vida.

Ya fuera de la comunidad, observando desde el exterior, dentro de mi cabeza empezé a pensar en todo lo que habíamos visto y vivido. Cuando pienso en todos los jóvenes que están ahí dentro, que tienen la suerte de estar allí, me viene a la mente cuántos chicos están todavía fuera, cuántos están echando por tierra su existencia.

Me asalta un momento de tristeza, pero con la consciencia en el corazón de que un día todos esto terminará pero me doy fuerza a mi mismo y regresamos a casa con una experiencia completamente nueva y con más fuerza para seguir adelante; no podemos salvar a todos, pero si hubiera la posibilidad de salvar a uno de mil, incluso por una sola persona tenemos que dar todo de nosotros mismos.

Cito las palabras del gran Giovanni Falcone que, aunque fueron pronunciadas en situaciones diferentes, encierran de todas formas el mensaje de lo que ha hecho Muccioli en San Patrignano:

“Que las cosas estén así, no quiere decir que tengar que seguir así. Sólo que cuando se trata de arremangarse y empezar a cambiar, hay un precio que pagar. Y es en ese momento que la mayor parte de la gente prefiere lamentarse más que hacer”.

Stefano Centofante

23 de Enero 2017

Sant' Elpidio a Mare

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