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ramiro100Por Ramiro Cardoso
Crónica de un viaje a Salta, Argentina

Navidad del año 2016, tal vez suene como una navidad más, otro año en donde hay que comprar regalos, objetos, cosas. Pero si nos apartamos de este mundo consumista y nos imaginamos en un lugar retirado del resto, en donde estamos solos, solos contra el mundo, solos contra el hambre, solos contra la sed, solos contra la tristeza, solos contra la desesperación, solos con nosotros mismos los 365 días del año, la Navidad tendría un sentido muy distinto. Sacaríamos fuerzas todos los días para sobrevivir sin que importe el después.

ramiro4El viernes 16 de diciembre partimos hacia Salta Daniel Rodrigo, Daniel Torregiani, Matías Paolini, Matías Guffanti, Estefanía Rodrigo y yo, con un objetivo bien claro, llevar todas las donaciones que básicamente consistían en panes dulces, alimentos no perecederos y ropa. Gracias al gran aporte de los oyentes de las radios (Frecuencia Joven y Tierra Viva) la campaña fue un gran éxito, a tal punto que tuvimos que utilizar 2 vehículos para poder trasladar todo. El viaje duró más de 15 horas y terminamos agotados. Ramón, Sandra y Leandro nos recibieron cálidamente en la sede de la Fundación, tomamos algo caliente, preparamos las donaciones para el día siguiente y nos fuimos a dormir.

Al otro día partimos hacia El Palomar, que es el asentamiento más grande del pueblo coya de la zona y que además cuenta con una escuela. Apenas ingresamos al camino nos cruzamos con dos niños acompañados de su hermano mayor, los menores iban montando en burro cargado con algunas pertenencias. Plenos de felicidad se acercaron para reencontrarse una vez más con Ramón, para recibir aquella atención que tanto merecen. Los niños recibieron el paquete con los regalos navideños y también prendas de ropas para ellos y sus padres.

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Luego de esto emprendimos de nuevo el viaje por aquel arduo camino montañoso. Durante el viaje nos cruzamos con decenas de familias y algunos puestos (pequeñas viviendas utilizadas por el pueblo en sus desplazamientos por la montaña durante el año, cuando se trasladan para ir rotando los pastos que comen los animales). A cada familia le fue entregado un paquete o dos, dependiendo de la cantidad de personas. También, por ser víspera de Navidad, se les dio caramelos a los niños. Muchos de ellos sonríen y a través de su inocencia logran ser felices a pesar de la realidad. Pero otros niños permanecen serios y te miran, con sus profundos ojos, de una forma que parece que lo saben todo. En esos momentos me sentí muy mal, me sentí un idiota.

Horas más tarde llegamos al Palomar, nos recibieron muy amablemente y Ramón siguió entregando los panes dulces y la ropa, ellos eran alrededor de 30 personas pero igual esperaron pacientemente su turno y si había alguien que no estaba presente se comprometían a cuidar su donación. En un momento, como la campaña fue muy exitosa, Ramón vio que le iban a sobrar algunos paquetes, y cuando se lo ofrecía a las familias la respuesta que recibía era “a mí ya me entregaron”. Vuelvo a repetir que me sentía un idiota. Cuántas veces uno se pelea al hacer un trámite o en otra actividad de la vida cotidiana y aquellas personas, que viven en constante situación de riesgo y miseria, nunca dejan de ser completamente humildes y de pensar en el otro. Emprendimos la vuelta y, en el camino de regreso seguimos entregando algunas donaciones más. Volvimos al atardecer y nos preparamos para el día siguiente.

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Por la mañana recuerdo que me levanté de golpe, me dolía mucho la cabeza, como si alguien la estuviera presionando, tenía los labios completamente secos y toda la cara quemada por el sol. Pero había que seguir, durante todo el año esperé hacer ese viaje y ninguna molestia me iba a quitar el deseo de ir a conocer a los niños. Luego de desayunar partimos nuevamente a repartir, pero esta vez hacia otros asentamientos. En el primer hogar que visitamos se encontraba un hombre mayor que vive con su esposa, con mucha alegría subió la pendiente que conecta su casa con el camino y nos vino a saludar, charlamos unos minutos y luego lo acompañamos hasta la puerta de su hogar para entregarle algunas donaciones. Al continuar el viaje nos encontramos con distintas personas, niños, adultos, madres, padres, algunos volviendo a sus hogares, otros buscando agua, otros más viajando hacia la carretera para conseguir llegar de algún modo hacia el pueblo más cercano, todos bajo el sol, con calzados casi inútiles y tapados con cuanto abrigo pudiesen usar. Pero la persona, la historia que más me tocó el alma, fue la de un anciano que vive solo, es prácticamente ciego y todos los días tiene que caminar varios kilómetros para buscar agua. También a unos metros viven unos niños que se encontraban solos, ya que su madre tenía que trabajar hasta el anochecer. Leandro le preguntó cómo se sentía a una de las niñas, ésta lo mira y le responde “triste”; en aquel momento nos sentimos devastados, pero no lo queríamos demostrar por ellos.

ramiro6Luego retornamos a la sede de la Fundación contentos por todo lo realizado en esos días, pero en cierta forma yo no dejaba de pensar en aquellas familias sufrientes, sabiendo que yo volvería a Rosario, a la misma rutina de todos los días, en la que aquel mundo desaparece, esa realidad deja de existir ante las comodidades de la vida en una ciudad, de tener una familia que te acompañe, de tener amigos, alimentos, salud y un sinfín de cosas que para aquellas personas parecen imposibles hasta de soñar, pero que para nosotros casi no tienen valor.

Santa Rosa de Tastil no tiene ese nombre porque sí. Hace siglos, en aquella región, habitaba el pueblo tastil. Actualmente solo quedan ruinas, pero estas ruinas cuentan viejas historias, entre ellas la desaparición hasta hoy no explicada de casi todos ellos. El último día de viaje, lo utilizamos para conocer las ruinas. Ramón nos llevó y nos contó que los tastiles eran sedentarios y además vivían del comercio. Si bien no fue un pueblo guerrero sabía cómo defenderse, y en la región hasta el día de hoy se pueden encontrar restos de flechas.

ramiro7Este pueblo también contaba con sus guías espirituales, muchos de los cuales fueron contactados por seres de otros mundos, hasta el día de hoy hay dibujos grabados en las piedras de tales hechos. En uno de los contactos, estos seres les explicaron al pueblo que iban a morir a manos de los invasores españoles y le dieron la oportunidad de dejar todas sus cosas para ser llevados a otro plano dimensional, lo cual explicaría la razón por la cual este pueblo desapareció sin dejar rastro alguno de éxodo o de violencia.

Luego de escuchar aquel apasionante relato disfrutamos un rato de las vistas que ofrecen las montañas salteñas, antes de alejarnos e iniciar el descenso. Ms tarde, ya en la Fundación, mientras preparaba el bolso para volver, iba tomando conciencia poco a poco, de que me quedaba otro descenso, tenía que volver a “bajar”, literalmente, a la realidad de la ciudad, pero no me podía quejar, o mejor dicho no me puedo quejar, fue una experiencia única a pesar del cansancio y del esfuerzo.

Mi conciencia ya no será la misma, tampoco mi forma de pensar y de actuar.

Ramiro Ignacio Cardoso Pettinati (18 años)
12 de febrero del 2017
Arca Lily Mariposa
Rosario, Santa Fe, Argentina