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madre100Eran las siete de la tarde del 7 de julio de 1980. Una fecha que no se borraría nunca en mi memoria y en mi corazón.
Hacía mucho frío, pero esa noche, luego de mi primer encuentro con mamá Esmeralda, yo sentí un fuerte calor en todo mi cuerpo y en toda mi alma, había sentido realmente la presencia de Dios.

 Hacia 4 años que yo había llegado al Uruguay, para ayudar como sacerdote misionero en una parroquia de la iglesia de Salto. Me sentía cómodo en mi trabajo espiritual, integrado a la gente y a la realidad un país distinto, pero mi espíritu siempre buscaba algo más. Un joven amigo de la comunidad me había hablando de una señora en Montevideo que hablaba con Dios… y a la primer ocasión, acepte encontrarla, para discernir un poco más la nueva experiencia que se me presentaba. Ese encuentro cambio mi vida, allí comenzó para mi un nuevo camino. Luego de 4 años de dificultades con la iglesia, sentí el llamado de acompañar directamente a mamá Esmeralda en su vida cotidiana y en su misión. Es difícil resumir en pocas palabras lo que es la vida y la misión de ella, las experiencias vividas a su lado, ya sea en la casa, como en los distintos viajes misioneros a países vecinos y lejanos. Haciendo referencia a su nombre, podría decir que ella es un tesoro divino, una piedra preciosa que Dios ha puesto en nuestro camino en estos tiempos, y dichosos los que la pueden conocer. Su vida es muy sencilla, muy humilde. Nació en un barrio del Cerro de Montevideo, de una familia pobre y trabajadora. Hizo distintos cursos para ganarse el pan y para ayudar en la casa. No tuvo una educación familiar religiosa, aunque frecuentó siempre, desde niña, la iglesia de su parroquia, la Virgen de la ayuda. Desde los 3 años comenzó a sentir la voz que la acompañaría toda su vida. En primer momento ella pensaba que se trataba de su ángel de la guarda, pero luego comprendió que era Dios mismo que se le manifestaba. Ese contacto que marcaría toda su vida, se hizo normal para ella, invisible pero real, y con la voz divina, aparecieron también las imágenes, las visiones. Trabajó durante 25 años en el tribunal de Cuentas del Estado, se casó y tuvo un hijo. Aunque su deseo era consagrarse a Dios, Él le tenía reservado otro camino, "para comprender el sufrimiento de tantas mujeres…" le decía esa voz divina. Por muchos años su vida fue trabajo y familia, aunque de vez en cuando, hablaba a las amigas de su contacto divino, y tenía entonces con ellas pequeñas reuniones.
Cuando hace unos años atrás se jubiló, comenzó su misión más directa, con varios encuentros aquí, en Montevideo, y luego en otras ciudades del interior. También viajó al exterior a países lejanos, invitada por personas que le habían conocido y admirado. ¡Cuánta gente encontró a través de ella el rumbo de su vida espiritual…! ¡Cuántos enfermos tuvieron una mejoría en su salud!, aunque ella, como siempre dice, no es una sanadora…
Sus oraciones, su amor hacia todos, su cariño, sus besitos, han abierto el corazón de miles de personas de todas partes del mundo. Si publicara los testimonios recibidos y vividos directamente en estos 20 años, podría escribir unos cuántos libros…
Sin embargo, lo que personalmente siempre me ha llamado la atención de esta misión de mamá Esmeralda, es este increíble contacto directo continuo con Dios…
Un amigo me decía… "pero Giancarlo, parece que ella tiene a Dios en el bolsillo…"
Y es verdad, estando a su lado en estos años pude comprobarlo. Ella habla con Dios Padre en cada momento, día y noche, y tiene frente a ella como un televisor divino que le permite ver y conocer hechos, personas, situaciones… "las que Dios Padre me muestra…" dice siempre ella. ¡Cuántas veces!, cuando entra una llamada telefónica de Italia o de Australia de alguien que no conocemos, y mamá Esmeralda le trasmite el mensaje de Dios Padre, escucho un llanto de emoción al otro lado del aparato, porque Dios le ha manifestado algo de su sufrimiento en la vida…
Pero hay un contenido más profundo en la palabra que recibe de Dios Padre. No son solamente mensajes divinos de consuelo y amor a las personas, sino también revelaciones y maravillosas respuestas a los grandes porqué de la vida… de dónde venimos… a dónde vamos… porqué el dolor en el Mundo. Y las explicaciones, resumidas en un cierto orden cronológico llamado Plan Divino, dan una gran esperanza a toda la humanidad, que representa para mí. Casi un tesoro único. Quien tenga la paciencia de leer o escuchar algunos de los miles de mensajes grabados y escritos en estos años, y conservados cuidadosamente, tanto acá en Montevideo, como en Italia por un primo y un tío mío, podrá encontrar la visión de un Dios distinto, un Dios Padre de amor infinito, que es en el fondo la esencia de su misión: “Dile a mis hijos que yo no soy un Cuco, ni un Ogro, ni un Juez, sino un Padre que ama, comprende, perdona, y sufre por todos…"
Esta misión de mamá Esmeralda no tiene nombre y no tiene grupos, sino amigos y simpatizantes en muchos de los países donde ella ha estado y la aprecian. Es una misión esencialmente espiritual, no se hacen obras sociales, solo se regalan palabras de aliento, palabras de amor, mensajes divinos de esperanza. Ahora mamá Esmeralda tiene una salud muy precaria, sin embargo su espíritu es siempre joven y servicial. Ella continúa entregando su vida y sus ruegos para todo el mundo, con la esperanza, ella también, de poder ver la realización de las maravillas divinas anunciadas, la llegada del Hermano Mayor y de los otros hermanos de luz, para la total transformación de la Humanidad, y el regreso a la casa del Padre.

Giancarlo
Montevideo, 22 de junio 2005

giorgioesmeralda