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ESTO DICE LA IGLESIA
CONGREGACIÓN
PARA LA DOCTRINA DE LA FE
EL MENSAJE DE FÁTIMA
PRESENTACIÓN
En el pasaje del segundo milenio al tercero, el Papa Juan Pablo II
ha decidido hacer público el texto de la tercera parte del “secreto
de Fátima”.
Después de los dramáticos y crueles eventos del siglo XX; uno de los
más cruciales de la historia del hombre, culminando con el cruento atentado
al “dulce Cristo en la tierra”, se abre -en consecuencia- un velo sobre
una realidad que hace historia y que la interpreta en profundidad, según
una dimensión espiritual a la que la mentalidad actual, a menudo plena
de racionalismo, es refractaria.
Apariciones y signos sobrenaturales marcan la historia, entran en lo
profundo de los hechos humanos y acompañan el camino del mundo, sorprendiendo
a creyentes y no creyentes. Estas manifestaciones, que no pueden contradecir
el contenido de la fe, deben converger hacia el objeto central del anuncio
de Cristo: el amor del Padre que suscita en los hombres la conversión
y dona la gracia, para abandonarse en Él con devoción filial. Esto ocurre
en el mensaje de Fátima que, con la desesperada convocatoria a la conversión
y a la penitencia, impele en realidad al corazón del Evangelio.
Fátima es sin duda la más profética de las apariciones modernas. La
primera y la segunda parte del “secreto” -que se publican en orden para
completar la documentación- antes que nada conciernen a la espantosa
visión del infierno, la devoción al Corazón Inmaculado de María, la
segunda guerra mundial, y luego la previsión de los daños inhumanos
que Rusia, en su abandono de la fe cristiana y en la adhesión al totalitarismo
comunista, habría traído a la humanidad.
Nadie en 1917 podría haber imaginado todo esto: los tres pastorcitos
de Fátima vieron, escucharon, memorizaron, y Lucía, la testigo sobreviviente
-en el momento en que recibe la orden del Obispo de Leiría y el permiso
de Nuestra Señora- lo puso por escrito.-
En lo que atañe a la descripción de las primeras dos partes del “secreto”
(por otra parte ya publicadas y por eso conocidas) se ha sido elegido
el texto escrito por Sor Lucía en la tercera memoria del 31 de Agosto
de 1941; en la cuarta memoria del 8 de Diciembre de 1941 se añaden algunas
anotaciones.
La tercera parte del “secreto” fue escrita “por orden de S.E. el Obispo
de Leiría y de la Santísima Madre...” el 3 de Enero de 1944.
Existe un solo manuscrito, que está aquí reproducido fotostáticamente.
El sobre precintado fue guardado primero por el Obispo de Leiría. Para
tutelar mejor el “secreto”, el sobre fue entregado el 4 de Abril de
1957 al Archivo Secreto del Santo Oficio. Sor Lucía fue advertida de
esto por el Obispo de Leiría.
Según apuntes del Archivo, de acuerdo con el Excmo. Card. Alfredo Ottaviani,
el 17 de Agosto de 1959 el Comisario del Santo Oficio, P. Pierre Paul
Philippe, O.P., llevó a Juan XXIII el sobre conteniendo la tercera parte
del “secreto de Fátima”. Su Santidad “después de alguna vacilación”
dijo: ”Esperemos. Recemos. Haré saber esto que he decidido”. (1)
En realidad el Papa Juan XXXIII decidió reenviar el sobre precintado
al Santo Oficio y no revelar la tercera parte del “secreto”.-
Pablo VI leyó el contenido con el Sustituto S.E. Mons. Ángel Dell´Acqua,
el 27 de Marzo de 1965, y lo reenvió al “Archivo del Santo Oficio”,
con la decisión de no publicar el texto.-
Juan Pablo II, por su parte, requirió el sobre conteniendo la tercera
parte del “secreto” después del atentado del 13 de Mayo de 1981. Su
Emcía. Card. Frajo Seper, Prefecto de la Congregación, entregó a S.E.
Mons. Eduardo Martínez Somalo, Sustituto de la Secretaría de Estado,
el 18 de Julio de 1981, dos sobres: . uno blanco, con el texto original
de Sor Lucía en lengua portuguesa; . y otro de color anaranjado, con
la traducción del “secreto” a la lengua italiana. El 11 de Agosto siguiente
Mons. Martínez restituyó los dos sobres al Archivo del Santo Oficio.
(2)
Como es sabido el Papa Juan Pablo II enseguida se encargó de la consagración
del mundo al Corazón Inmaculado de María y compuso él mismo una plegaria
por aquello que define “Acto de Fe” a celebrarse en la Basílica de Santa
María Mayor el 7 de Junio de 1981, solemnidad de Pentecostés, día elegido
para recordar el 1600º aniversario del primer Concilio de Constantinopla
y el 1550º aniversario del Concilio de Éfeso. Estando ausente el Papa
por fuerza mayor, la alocución transmitida fue grabada. Citamos el texto
que se refiere exactamente al “acto de fe”:
“¡Oh!, Madre de los hombres y de los pueblos, Tu conoces todos sus sufrimientos
y sus esperanzas, Tu sientes maternalmente todas las luchas entre el
bien y el mal, entre la luz y las tinieblas que estremecen al mundo,
acoge nuestro grito, agitado por el Espíritu Santo, directamente en
Tu corazón y abraza con el amor de la Madre y de la Sierva del Señor
a aquellos que más esperan este abrazo, y junto a aquellos cuya fe Tu
también atiendes de manera particular. Toma bajo Tu protección materna
a la familia humana entera que, con cariñosa entrega, a Ti, ¡oh! Madre,
nosotros confiamos. Se acerca para todos el tiempo de la paz y de la
libertad, el tiempo de la verdad, de la justicia y de la esperanza”.
(3)
Pero el Santo Padre, para responder más plenamente a las demandas de
“Nuestra Señora”, quiso explicitar durante el Año Santo de la Redención,
el acto de fe del 7 de Junio de 1981, repetido en Fátima el 13 de Mayo
de 1982. En el recuerdo de Fiat pronunciado para María en el momento
de la Anunciación, el 25 de Marzo de 1984 en la plaza de San Pedro,
en unión espiritual con todos los Obispos del mundo previamente “convocados”,
el Papa confía al Corazón Inmaculado de María los hombres y los pueblos,
con énfasis que reviven las doloridas palabras pronunciadas en 1981:
“Y por eso, ¡oh!, Madre de los hombres y de los pueblos, Tu que conoces
todos sus sufrimientos y sus esperanzas, Tu que sientes maternalmente
todas las luchas entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas
que estremecen al mundo contemporáneo, acoge nuestro grito que, agitado
por el Espíritu Santo, dirigimos directamente a Tu corazón: abraza con
amor de Madre y de Sierva del Señor, a este nuestro mundo humano, que
a Ti confiamos y consagramos, plenos de inquietud por el destino terreno
y eterno de los hombres y de los pueblos.
De manera especial Te confiamos y consagramos aquellos hombres y aquellas
naciones, que de esta confianza y de esta consagración tienen, particularmente,
necesidad.
“Bajo Tu protección buscamos refugio, Santa Madre de Dios”! No menosprecies
las súplicas de los que estamos en la prueba!”.
Después el Papa continúa con mayor fuerza y concreción el relato, casi
comentando el Mensaje de Fátima en sus tristes aseveraciones:
“Aquí estoy frente a Ti, Madre de Cristo, delante de Tu Corazón Inmaculado,
deseando, junto con toda la Iglesia, unirnos a la consagración que,
por amor a nosotros, Tu Hijo ha hecho de si mismo al Padre: “Por ellos-
él ha dicho-yo me consagro, porque son también ellos consagrados en
la verdad” (Gv. 17, 19). Queremos unirnos a nuestro Redentor en esta
consagración por el mundo y por los hombres, la cual, en su Corazón
divino, tiene el poder de obtener el perdón y de procurar la reparación.-
El poder de esta consagración dura por todos los tiempos y abraza a
todos los hombres, los pueblos y las naciones, y supera todo mal que
el espíritu de las tinieblas sea capaz de despertar en el corazón del
hombre y en su historia y que, de hecho, ha despertado en nuestros tiempos.
¡Oh, cuán profundamente sentimos la necesidad de consagración por la
humanidad y por el mundo: por nuestro mundo contemporáneo, en unión
con Cristo mismo! La obra de redención de Cristo, de hecho, debe ser
participada al mundo por medio de la Iglesia.
Lo manifiesta el presente Año de la Redención: el Jubileo extraordinario
de toda la Iglesia.
¡Seas bendita, en este Año Santo, sobre cada criatura Tu, Sierva del
Señor, que en el modo más pleno obedeciste la Divina llamada!.
¡Seas saludada Tu, que estás íntegramente unida a la consagración redentora
de Tu Hijo!.
¡Madre de la Iglesia, ilumina al Pueblo de Dios sobre el camino de la
fe, de la esperanza y de la caridad!. Ilumina especialmente a los pueblos
de los cuales Tu esperas nuestra consagración y nuestra confianza. Ayúdanos
a vivir en la verdad de la consagración de Cristo para la íntegra familia
humana del mundo contemporáneo.
Confiándote, ¡oh, Madre!, el mundo, todos los hombres y todos los pueblos,
Te confiamos también la misma consagración del mundo, poniéndolo en
Tu Corazón materno.
¡Oh, Corazón Inmaculado!. Ayúdanos a vencer la amenaza del mal, que
fácilmente se radica en los corazones de los hombres de hoy y que en
sus efectos inconmensurables ya pesa sobre la vida presente y le siembra
muchas más obstáculos hacia el futuro!.-
¡Del hambre y de la guerra libéranos!.
¡De la guerra nuclear, de la autodestrucción incalculable, de todo tipo
de guerra, libéranos!.
¡De los pecados contra la vida del hombre desde sus albores, libéranos!.
¡Del odio y del envilecimiento de la dignidad de los hijos de Dios,
libéranos!.-
¡De todo tipo de injusticia en la vida social, nacional e internacional,
libéranos!.
¡De la facilidad de pisotear los mandamientos de Dios, libéranos!.
De la tentación de oscurecer en el corazón humano la verdad misma de
Dios, libéranos!.
De la pérdida de la conciencia del bien y del mal, libéranos!.
De los pecados contra el Espíritu Santo, libéranos! libéranos!.
¡Acoge, oh, Madre de Cristo, nuestro grito cargado del sufrimiento de
todos los hombres!. ¡Cargado del sufrimiento de la sociedad entera!
Ayúdanos con el poder del Espíritu Santo a vencer todo pecado: el pecado
del hombre y el “pecado del mundo”, el pecado en todas sus manifestaciones.-
Se revela una vez más en la historia del mundo, el infinito poder salvador
de la Redención: ¡poder del Amor misericordioso!. ¡Que detiene el mal!.
¡Transforma la conciencia!. En Tu Corazón Inmaculado se revela para
todos la luz de la Esperanza!”. (4)
Sor Lucía confirmó personalmente que tal acto solemne y universal de
consagración correspondía a cuanto quería Nuestra Señora (“Sim, està
feita tal commo Nossa Señora a pediu desde o dia 25 de Março de 1984”:
“Si, ha sido hecha así como Nuestra Señora lo pidió desde el 25 de Marzo
de 1984: carta del 8 de Noviembre de 1989). Por eso todo otro pedido
posterior carece de fundamento.
En la documentación ofrecida se adjuntan los manuscritos de Sor Lucía,
otros cuatro textos: 1) la carta del Santo padre a Sor Lucía de fecha
19 de Abril de 2000; 2) una descripción del coloquio tenido con Sor
Lucía en fecha 27 de Abril de 2000; 3) la comunicación leída por encargo
del Santo Padre, en Fátima el 13 de Mayo por S.Emcía. Card. Ángelo Sodano,
Secretario de Estado; 4) el comentario teológico de S.Emcía. Card. Joseph
Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe.
Una indicación para la interpretación de la tercera parte del “secreto”
ya había sido ofrecida por Sor Lucía en una carta al Santo Padre el
12 de Mayo 1982.
En ella dice:
“La tercera parte del secreto se refiere a las palabras de Nuestra Señora:
‘Si no (Rusia) esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras
y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo
Padre tendrá que sufrir mucho, varias naciones serán destruidas’ (13-VII-1917).
La tercera parte del secreto es una revelación simbólica, que se refiere
a esta parte del Mensaje, condicionado al hecho de si aceptamos o no
aquello que el Mensaje mismo pide: ‘Si aceptaran mis requerimientos,
Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el
mundo, etc.’.
Desde el momento que no hemos tenido en cuenta esto, apelo al Mensaje,
verifiquemos que eso sí se ha cumplido, Rusia ha invadido el mundo con
sus errores. Y si no constatamos también la consumación completa del
final de esta profecía, veremos que nos encaminamos hacia allí a grandes
pasos. Si no renunciamos al camino del pecado, del odio, de la venganza,
de la injusticia violando los derechos de la persona humana, de la inmoralidad
y de la violencia, etc..
Y no diremos que es Dios quien así nos castiga; al contrario, son los
hombres que preparan su propio castigo. Dios atentamente nos advierte
y nos llama al buen camino, respetando la libertad que nos ha dado;
por eso los hombres son responsables” (5).
La decisión del Santo Padre Juan Pablo II de hacer pública la tercera
parte del ”secreto” de Fátima cierra un tramo de la historia, marcada
de trágica voluntad humana de poder y de iniquidad, pero impregnada
del amor misericordioso de Dios y de la atenta vigilancia de la Madre
de Jesús y de la Iglesia.
Acciones de Dios, Señor de la historia, y la corresponsabilidad del
hombre en su dramática y fecunda libertad, son los dos pilares sobre
los cuales se construye la historia de la humanidad.
La Señora aparecida en Fátima nos reclama estos valores olvidados, en
este realizarse del hombre en Dios, del cual somos parte activa y responsable.-
TARCISIO BERTONE, SDB
Arzobispo emérito de Vercelli
Secretario de la Congregación para La Doctrina de la Fe
EL “SECRETO” DE FÁTIMA
PRIMERA Y SEGUNDA PARTE DEL “SECRETO”
EN LA REDACCIÓN HECHA PARA NOSOTROS POR SOR LUCÍA
EN LA “TERCERA MEMORIA” DEL 31 DE AGOSTO 1941,
DESTINADA AL OBISPO DE LEIRÍA-FÁTIMA
(Traducción)
Deberé, por esto, hablar un poco del secreto y responder al primer punto
del interrogatorio.-
Qué es el secreto. Me parece que lo puedo decir porque del Cielo ya
tengo el permiso. Los representantes de Dios en la tierra también me
han autorizado varias veces en varias cartas, una de las cuales creo
que la conserva V.E. Revma., aquella del P. Giuseppe Bernardo Gonçalves,
en la cual me ordena escribir al Santo Padre. Uno de los puntos que
me indica es la revelación del secreto. Algo dije, pero para no alargar
mucho el escrito, que debía ser breve, me limité a lo indispensable
dejando a Dios la oportunidad de un momento más favorable.-
Yo ya expuse en el segundo escrito la duda que me atormentó desde el
13 de Junio al 13 de Julio, y que con esta aparición se desvaneció.-
Bien . El secreto consta de tres cosas distintas, dos de las cuales
estoy por revelar.
La primera, entonces, fue la visión del infierno.-
La Virgen nos mostró un gran mar de fuego que parecía estar bajo la
tierra. Inmersos en aquel fuego, los demonios y las ánimas, como si
fueran brazas transparentes y negras o bronceadas con forma humana,
y que fluctuaban en el incendio; tenían llamas que salían de ellos mismos
junto a nubes de humo, cayendo de todas partes cosas parecidas a las
chispas de los grandes incendios, sin peso ni equilibrio, entre gritos
y gemidos de dolor y desesperación que daban horror y hacían temblar
de miedo. Los demonios se reconocían por las formas horribles y repugnantes
de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes y negros.
Esta visión duró un momento. Y gracias a nuestra buena Madre del Cielo
que ya nos había prevenido con la promesa de llevarnos al cielo (en
la primera aparición), porque de lo contrario creo que hubiéramos muerto
de espanto y de terror.-
Enseguida levantamos los ojos a la Virgen que nos dijo con bondad y
tristeza:
- Habéis visto el infierno donde caen las almas de los pobres pecadores.
Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a Mi
Corazón Inmaculado.-
Si hacen aquello que os diré, muchas almas se salvarán y tendrán paz.
La guerra está por finalizar; pero si no dejan de ofender a Dios, durante
el Pontificado de Pío XI comenzará otra aún peor. Cuando veáis una noche
iluminada por una luz desconocida, sabed que es un gran signo que Dios
os da, que está por castigar al mundo por sus crímenes, por medio de
la guerra, del hambre y de las persecuciones a la Iglesia y al Santo
Padre.-
Para impedirlo, pediré la Consagración de Rusia a Mi Corazón Inmaculado
y la Comunión reparadora en los primeros sábados. Si aceptaran mis requerimientos
y Rusia se convirtiera, habrá paz, sino, esparcirá sus errores por el
mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos
serán martirizados, el Santo Padre, tendrá mucho que sufrir, varias
naciones serán destruidas. Finalmente, Mi Corazón Inmaculado triunfará.
El Santo Padre Me consagrará Rusia, que se convertirá y será concedido
al mundo un período de paz.(7)
TERCERA PARTE DEL “SECRETO”
(Traducción)
“J.M.J.
La tercera parte del secreto revelado el 13 de julio de 1917 en Cova
di Iria, Fátima.-
Escribo en acto de obediencia a Vos, Dios mío, que me lo ordenaste por
medio de S.E. Revma. el Señor Obispo de Leiria y de Vuestra y mi Santísima
Madre.-
Después de las dos partes que ya he expuesto, vimos del lado izquierdo
de Nuestra Señora, y un poco más arriba, un Ángel con una espada de
fuego centelleante en la mano izquierda, la que emitía llamas que parecía
que iban a incendiar al mundo; pero que se atenuaban al contacto del
esplendor que Nuestra Señora emanaba de su mano derecha hacia él: el
Ángel, indicando la tierra con la mano derecha, con voz fuerte dijo:
¡Penitencia, Penitencia, Penitencia!. Y vimos en una luz inmensa que
es Dios: “algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando
pasan delante” un Obispo vestido de blanco, “tuvimos el presentimiento
que fuera el Santo Padre”. Otros Obispos, Sacerdotes, religiosos y religiosas
subir una escabrosa montaña en la cima de la cual había una gran Cruz
de troncos toscos como si fueran de alcornoque con su corteza; el Santo
Padre, antes de llegar, atravesó una gran ciudad en ruinas, y medio
trémulo, con paso vacilante, afligido de dolor y de pena, rogaba por
las almas de los cadáveres que encontraba en su camino; en la cima del
monte, postrado de hinojos a los pies de la gran cruz, es muerto por
un grupo de soldados que le disparan varios tiros de arma de fuego y
flechas, del mismo modo murieron los unos después de los otros, obispos,
sacerdotes, religiosos y religiosas y varios seglares, hombres y mujeres
de varias clases y posiciones. Debajo de los dos brazos de la Cruz estaban
dos ángeles cada uno con una regadera de cristal en la mano, en las
cuales recogían la sangre de los Mártires y con ellas irrigaban las
almas que se acercaban a Dios.
Tuy, 03/01/1944”.-
INTERPRETACIÓN DEL “SECRETO”
CARTA DE JUAN PABLO II A SOR LUCÍA
(Traducción)
Reverenda Sor María Lucía
Convento de Coimbra
En el regocijo de las fiestas pascuales le presento los votos de
Cristo resucitado a sus discípulos: “¡La paz sea contigo!”.-
Estaría contento de poder encontrarla en el mismo día de la beatificación
de Francisco y Jacinta que, si Dios quiere, proclamaré el 13 de mayo
próximo.
Ya que en ese día no tendremos tiempo para un coloquio, sino sólo para
un breve saludo, he encargado con este propósito a Su Excelencia, Monseñor
Tarcisio Bertone, Secretario de la Congregación para la Doctrina de
la Fe, que vaya a hablar con Usted. Es la Congregación que colabora
más estrechamente con el Papa para la defensa de la verdadera fe católica,
y que ha conservado, como Usted sabe, desde 1957, su letra manuscrita
conteniendo la tercera parte del secreto revelado el 13 de julio de
1917 en la Cova di Iria, en Fátima.
Monseñor Bertone, acompañado por el Obispo de Leiria, Su Excelencia
Monseñor Serafim de Sousa Ferreira y Silva, va en mi nombre para hacerle
algunas preguntas sobre la interpretación de la “tercera parte del secreto”.
Reverenda Sor María Lucía, hable abierta y sinceramente a Monseñor Bartone,
quien me referirá directamente sus respuestas.-
Ruego ardientemente por Usted a la Madre del Resucitado, por la Comunidad
de Coimbra y por toda la Iglesia. María, Madre de la Humanidad peregrina,
nos tenga siempre estrechamente unidos a Jesús, Su Hijo dilecto y nuestro
Hermano, Señor de la vida y de la gloria.
Con una especial bendición apostólica.
Juan Pablo II
Vaticano, 19 de abril de 2000
COLOQUIO TENIDO
CON SOR MARÍA LUCÍA DE JESÚS
Y DE CORAZÓN INMACULADO
La entrevista de Sor Lucía con S.E. Mons. Tarcisio Bertone, Secretario
de la Congregación para la Doctrina de la Fe, encargado por el Santo
Padre, y S.E. Mons. Serafim de Sousa Ferreira y Silva, Obispo de Leiria,
Fátima, ocurrida el jueves 27 de abril u.s., en el Carmelo de Santa
Teresa de Coimbra.
Sor Lucía estaba lúcida y serena; estaba muy contenta por la venida
a Fátima del Santo Padre para la beatificación de Francisco y Jacinta,
por ella tan esperada. El Obispo de Leiria, Fátima, lee la carta autógrafa
del Santo Padre que explicaba los motivos de la visita. Sor Lucía se
siente honrada y la relee personalmente teniéndola en sus manos. Se
manifiesta dispuesta a responder francamente a todas las preguntas.
En este punto S.E. le presenta dos sobres, uno en cuyo interior estaba
otro con el texto original de la tercera parte del “secreto” de Fátima
y ella dice inmediatamente, tocándola con su dedo: “es mi carta” y después,
leyéndola: “es mi escritura”. Con la ayuda del Obispo de Leiria, Fátima,
es leído e interpretado el texto original, que está en lengua portuguesa.
Sor Lucía, comparte la interpretación según la cual la tercera parte
del “secreto” consiste en una visión profética comparable a aquélla
de la historia sagrada. Ella ratifica su convicción de que la visión
de Fátima se refiere sobre todo a la lucha del comunismo ateo contra
la Iglesia y los cristianos, y describe el inmenso sufrimiento de las
víctimas de la fe en el s. XX.
A la pregunta: “¿El personaje principal de la visión es el Papa?” Sor
Lucía responde inmediatamente que sí, y recuerda que los tres pastorcitos
estaban muy doloridos por el sufrimiento del Papa y Jacinta repetía:
“¡Coitadinho do Santo Padre, tenho muita pena dos pecadores!” (“¡Pobrecito
el Santo Padre, tiene mucha pena por los pecadores!”). Sor Lucía continúa:
“Nosotros no sabíamos el nombre del Papa, la Señora no nos dijo el nombre
del Papa, no sabíamos si era Benedicto XV o Pío XII, o Pablo VI o Juan
Pablo II, pero era el Papa que sufría y también nos hacía sufrir a nosotros”.
El pasaje concerniente al Obispo vestido de blanco, es el Santo Padre
-como inmediatamente perciben los pastorcitos durante la “visión”- que
es golpeado de muerte y cae por tierra, Sor Lucía comparte plenamente
la afirmación del Papa: “fue una mano materna la que guió la trayectoria
de la bala y el Papa agonizante se detuvo sobre el umbral de la muerte”
(Juan Pablo II, Meditación del Policlínico Gemelli a los Obispos italianos,
13 de mayo de 1994).
Por qué Sor Lucía, antes de entregar al entonces Obispo de Leiria, Fátima,
el sobre sellado contenedor de la tercera parte del “secreto”, había
escrito sobre el sobre externo que podía ser abierto sólo después de
1960, o por el Patriarca de Lisboa o por el Obispo de Leiria, S.E. Mons.
Bertone le pregunta:
“¿por qué la espera hasta 1960?. ¿Ha sido la Virgen la que indicó esta
fecha?”.
Sor Lucía responde: “No fue la señora; he sido yo la que puso la fecha
de 1960 porque -según mi intuición- antes de 1960 no se habría comprendido,
se comprendería solo después. Ahora se puede comprender mejor. Yo he
escrito lo que he visto, no me toca a mí la interpretación, pero sí
al Papa”.
Al final se menciona el manuscrito no publicado que Sor Lucía preparara
como respuesta a tantas cartas de devotos de la Virgen y de peregrinos.
La obra lleva el título “Os apelos da Mensagen de Fátima” y recoge pensamientos
y reflexiones que expresan sus sentimientos y su limpia y simple espiritualidad
en clave catequística y parenética. Se le preguntó si estaba contenta
de que la obra se publicara, y respondió: “Si el Santo Padre está de
acuerdo yo estoy contenta, de otra manera obedezco a lo que decida el
Santo Padre”. Sor Lucía desea someter el texto a la aprobación de la
Autoridad Eclesiástica, y alimenta la esperanza de contribuir con su
escrito a guiar a los hombres y mujeres de buena voluntad en el camino
que conduce a Dios, plazo último de cada humana espera.
El coloquio concluye con un cambio de rosarios: a Sor Lucía se le entrega
el enviado por el Santo Padre y ella, a su vez, entrega algunos rosarios
confeccionados por ella misma.
La bendición impartida a nombre del Santo Padre cierra el encuentro.
COMUNICACIÓN DE SU EMINENCIA
EL CARDENAL ÁNGEL SODANO
SECRETARIO DE ESTADO DE SU SANTIDAD
Al término de la solemne Concelebración Eucarística presidida por
Juan Pablo II en Fátima, el Cardenal Ángel Sodano, Secretario de Estado,
ha pronunciado en portugués las palabras que aquí citamos, en la traducción
castellana.
¡Hermanos y hermanas en el Señor!.
Al final de esta solemne celebración, siento el deber de pasar a nuestro
amado Santo Padre, Juan pablo II, los augurios más cordiales de todos
los presentes para su próximo 80° cumpleaños, agradeciéndole por su
precioso ministerio pastoral.
En la solemne circunstancia de su venida a Fátima, el Sumo Pontífice
me ha encomendado de daros un anuncio. Como es conocido, el objeto de
su venida a Fátima ha sido la beatificación de dos pastorcitos. Él,
sin embargo, quiere atribuir a éste, su peregrinaje, también el valor
de un renovado gesto de gratitud a la Virgen por la protección recibida
durante estos años de pontificado. Es una protección que parece tocar
también la así llamada tercera parte del “secreto” de Fátima. Tal texto
constituye una visión profética comparable a las de las sagradas escrituras,
que no describen en sentido fotográfico los detalles de los acontecimientos
futuros, pero sintetizan y condensan sobre un mismo fondo de hecho que
se extienden en el tiempo en una sucesión y en una duración imprecisa.
En consecuencia la clave para la lectura del texto no puede más que
ser de carácter simbólico.
La visión de Fátima se refiere a la lucha de los sistemas ateos contra
la iglesia y los cristianos y describe el inmenso sufrimiento de los
testigos de la fe del último siglo del segundo milenio. Es un interminable
Vía Crucis guiado por los Papas del s. XX.
Según la interpretación de los pastorcitos, interpretación confirmada
también recientemente por Sor Lucía, el “Obispo vestido de blanco” que
ruega por todos los fieles es el Papa. También Él, caminando fatigosamente
hacia la Cruz entre los cadáveres de los martirizados (obispos, sacerdotes,
religiosos, religiosas y numerosos laicos) cae a tierra como muerto
bajo los golpes de las amas de fuego.
Después del atentado del 13 de mayo de 1981, a Su Santidad le pareció
claro que había habido “una mano materna guiando la trayectoria de la
bala”; permitiéndole al “Papa agonizante” detenerse “sobre el umbral
de la muerte” (Juan Pablo II, Meditaciones con los Obispos italianos
del Policlínico Gemelli, en: “Enseñanzas”, vol. XVII 1, 1994, p. 1061).
En ocasión de un visita por Roma del entonces Obispo de Leiria, Fátima,
el Papa decide entregarle la bala, que había permanecido en el jeep
después del atentado, para que fuese custodiada en el Santuario. Por
iniciativa del Obispo ésta fue después encastrada en la corona de la
estatua de la Virgen Fátima.
Los sucesivos advenimientos de 1989 han llevado, sea en la Unión Soviética
como en numerosos Países del Este, a la caída del régimen comunista
que sostenía el ateísmo. Por esto el Sumo Pontífice agradece en lo profundo
de su corazón a la Virgen Santísima. Sin embargo, en otras partes del
mundo los ataques contra la iglesia y los cristianos, con el peso del
sufrimiento que llevan consigo, no han cesado desgraciadamente. Aunque
los acontecimientos a los que hace referencia la tercera parte del “secreto”
de Fátima parecen ya pertenecer al pasado, la llamada de la Virgen a
la conversión y a la penitencia, pronunciada al inicio del s. XX, conserva
aún hoy una estimulante actualidad. “La Señora del mensaje parece leer
con una singular perspicacia los signos de los tiempos, los signos de
nuestro tiempo... La insistente invitación de María Santísima a la penitencia
no es más que la manifestación de su cuidado materno para los destinos
de la familia humana, necesitada de conversión y perdón.” (Juan Pablo
II, Mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo 1997, n. 1, en: “Enseñanzas”,
vol. XIX 2, 1996, p. 561).
Para permitir a los fieles recibir mejor el mensaje de la Virgen de
Fátima, el Papa ha confiado a la Congregación para la Doctrina de la
Fe la tarea de hacer pública la tercera parte del “secreto”, después
de haber preparado un oportuno comentario.
Hermanos y hermanas, agradecemos a la Virgen de Fátima su protección.
A su maternal intercesión confiamos la iglesia del tercer milenio.
Sub tuum praesidium confugimus, Sancta Dei Genetrix! Intercede pro Ecclesia
Intercede pro Papa nostro Ioanne Paulo II. Amen.
Fátima, 13 de mayo de 2000.
COMENTARIO TEOLÓGICO
POR
EL ACTUAL PAPA RATZINGER
Quien lee con atención el texto del llamado tercer “secreto” de Fátima,
que después de mucho tiempo y por disposición del Santo Padre fue publicado
en su totalidad, quedará posiblemente desilusionado y maravillado después
de todas las especulaciones que se han hecho. Ningún gran misterio fue
revelado; el velo del futuro no fue corrido. Vemos a la Iglesia de los
mártires del siglo ya transcurrido, representada mediante una escena
descripta con un lenguaje simbólico de difícil descifrado. ¿Es esto
lo que la Madre del Señor quería comunicar a la cristiandad, a la humanidad
en un tiempo de grandes problemas y angustias?. ¿Nos es de ayuda en
el inicio del nuevo milenio?. ¿O son solamente proyecciones del mundo
interior de niños, crecidos en un ambiente de profunda piedad, pero
al mismo tiempo trastornados por las tormentas que amenazan su tiempo?.
¿Cómo debemos entender la visión, que debemos pensar?.
Revelación pública y revelaciones privadas – su lugar teológico
Antes de emprender una tentativa de interpretación -cuyas líneas esenciales
se pueden encontrar en la comunicación que el Cardenal Sodano pronunciara
el 13 de mayo de éste año, al final de la celebración eucarística presidida
por el Santo Padre en Fátima- son necesarias algunas clarificaciones
de fondo acerca del modo en que, según la doctrina de la Iglesia, deben
ser incluidos en el interior de la vida de fe, fenómenos como el de
Fátima. La enseñanza de la Iglesia distingue entre la “revelación pública”
y las “revelaciones privadas”. Entre las dos realidades hay una diferencia,
no solo de grado sino también en esencia.
El término “revelación pública” designa la acción reveladora de Dios
destinada a toda la humanidad, y se encuentra expresada literariamente
en las dos partes de la Biblia: el Antiguo y el Nuevo Testamento. Se
llama “revelación”, porque en ésta Dios se da a conocer por los hombres
en forma progresiva, hasta el punto de convertirse el mismo en hombre
para atraerlos hacia sí, y así reunir todo lo del mundo por medio del
Hijo encarnado Jesús Cristo. No se trata de comunicaciones intelectuales,
sino de un proceso vital en el que Dios se acerca al hombre; en éste
proceso, después y naturalmente, se manifiestan también contenidos que
interesan al intelecto y a la comprensión del misterio de Dios. El proceso
atañe al hombre en su totalidad, y también a la razón, pero no solo
ésta. Porqué Dios es uno solo, aunque la historia que el vive con la
humanidad es única, vale para todos los tiempos y ha encontrado su cumplimiento
con la vida, la muerte y la resurrección de Jesús Cristo.
En Cristo Dios dijo todo al ser idéntico a sí mismo, y por lo tanto
la revelación se concluye con la realización del misterio de Cristo,
que encontrara expresión en el Nuevo Testamento. El Catecismo de la
Iglesia Católica cita, para explicar ésta definitividad y plenitud de
la revelación, un texto de San Juan de la Cruz: “Desde el momento en
que nos ha donado a su Hijo, que es su única y definitiva palabra, nos
ha dicho todo de una sola vez en ésta sola Palabra... De hecho, lo que
un día le dijo parcialmente a los profetas, lo ha dicho todo en su Hijo....
Por ello, quien aún quisiera interrogar al Señor y pedirle visiones
o revelaciones, no solo cometería una estupidez, sino que ofendería
a Dios, porque no ha fijado su mirada únicamente en Cristo y va buscando
cosas diversas y novedad” (C.I.C. 65, S. Juan de la Cruz, Subida al
Monte Carmelo, II, 22).
El hecho de que la única revelación de Dios otorgada a todos los pueblos
es concluida con Cristo y con el testimonio que a Él se le presta en
los libros del Nuevo Testamento, vincula a la Iglesia al evento único
de la historia sagrada y a la palabra de la Biblia que garantiza e interpreta
éste evento; pero no significa que la Iglesia ahora pudiera mirar solo
al pasado y estar así condenada a una estéril repetición. El C.I.C.
dice al respecto: “ ...aunque si la Revelación se cumple, pero no está
completamente explicitada; le tocará a la fe cristiana tomar gradualmente
toda la conducción en el curso de los siglos” (n. 66). Los dos aspectos
del vínculo con la particularidad del evento y del progreso en su comprensión
están muy bien ilustradas en los discursos del adiós del Señor, cuando
en la despedida le dice a sus discípulos: “Muchas cosas tengo todavía
para deciros, paro por el momento no sois capaces de cargar con ese
peso. Cuando venga el Espíritu de verdad, Él os guiará a la verdad entera,
porque no hablará de sí.... El me glorificará, porque tomará de lo mío
y os lo anunciará” (Gv 16, 12-14). Por una parte, el Espíritu hace de
guía y así abre un conocimiento para llevar el peso del cual antes faltaba
el presupuesto - ésta es la amplitud y la profundidad de la fe cristiana
que nunca concluye. Por otra parte, ésta guía es un “recibir” del tesoro
de Jesús Cristo mismo, cuya profundidad inagotable se manifiesta en
esta conducción hasta la obra del Espíritu. El Catecismo cita al respecto
una profunda palabra del Papa Gregorio Magno: “Las palabras divinas
crecen junto con quien las lee” (C.I.C. 94, S. Gregorio, en Ez 1, 7,
8). El Concilio Vaticano II indica tres caminos esenciales en los que
realiza la guía del Espíritu Santo en la Iglesia, por eso el “crecimiento
de la Palabra”: ésta se cumple por medio de la meditación y del estudio
de los fieles, por medio de la profunda inteligencia que deriva de la
experiencia espiritual y por medio de la prédica de aquellos “los cuales
con la sucesión episcopal han recibido un carisma cierto de verdad”
(Dei Verbum, 8).
En éste contexto es posible ahora entender correctamente el concepto
de “revelación privada”, que se refiere a todas las visiones y revelaciones
que se verifican después de la conclusión del Nuevo Testamento; entonces
es la categoría dentro de la cual debemos colocar el mensaje de Fátima.
Al respecto, escuchamos antes que nada el C.I.C.: “A lo largo de los
siglos se produjeron de las llamadas “revelaciones privadas”, algunas
de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia....
Su rol no es... para “completar” la Revelación definitiva de Cristo,
sino para ayudar a vivirla más plenamente en una determinada época histórica”
(n. 67). Se aclaran dos cosas:
1. La autoridad de las revelaciones privadas es esencialmente distinta
de la única revelación pública: ésta exige nuestra fe; en ésta, de hecho,
por medio de palabras humanas y de la mediación de la comunidad viviente
de la Iglesia, Dios mismo nos habla. La fe en Dios y en su Palabra se
distingue de cualquier otra fe, confianza u opinión humana. La certeza
de que es Dios quien habla, me da la seguridad que encuentro la verdad
misma y una certeza que no puede verificarse en ninguna forma humana
de conocimiento. Es la certeza, sobre la cual edifico mi vida y a la
cual me confío muriendo.
2. La revelación privada es una ayuda para esta fe, y se manifiesta
como creíble precisamente porque me remite a la única revelación pública.
El Cardenal Prospero Lambertini, futuro Papa Benedetto XIV, dice al
respecto en su tratado clásico, convertido luego en normativo sobre
las beatificaciones y canonizaciones: “Un asentimiento de fe católica
no puede deberse a revelaciones aprobadas en tal forma, no es posible.
Estas revelaciones implican más bien un asentimiento de fe humana conforme
a las reglas de la prudencia, que se presentan como probables y devotamente
creíbles”. El teólogo flamenco E. Dhanis, eminente conocedor de ésta
materia, afirma sintéticamente que la aprobación eclesiástica de una
revelación privada contiene tres elementos: el mensaje relativo no contiene
nada que contrasta la fe y las buenas costumbres; es lícito hacerlo
público, y los fieles están autorizados a dar a esto su adhesión en
forma prudente (E. Dhanis, Mirada sobre Fátima y balance de una discusión,
in:”La Civilización Católica” 104, 1953 II. 392-406, en particular 397).
Un mensaje tal puede ser una ayuda válida para comprender y vivir mejor
el Evangelio en la hora actual; por ello no se lo debe descuidar. Es
una ayuda, que es ofrecida, pero de la cual no es obligatorio hacer
uso.
El criterio para la verdad y el valor de una revelación privada es por
lo tanto su orientación a Cristo mismo. Cuando ésta se aleja de Él,
cuando ésta se vuelve autónoma, o incluso se hace pasar como otro y
mejor diseño de salvación, más importante que el Evangelio, entonces
no proviene del Espíritu Santo que nos guía al interior del Evangelio
y no fuera de el. Esto no excluye que una revelación privada ponga nuevos
acentos, haga emerger nuevas formas de piedad, o profundice y extienda
las antiguas. Pero todo esto debe significar también una nutrición de
la fe, de la esperanza y de la caridad, que son para todos el camino
permanente de la salvación. Podemos añadir que las revelaciones privadas
provienen, a menudo y antes que nada, de la piedad popular y sobre ésta
se reflejan, le dan nuevos impulsos y abren para ellas nuevas formas.
Esto no excluye que ellas tengan efectos también en su misma liturgia,
como por ejemplo muestran las fiestas del Corpus Domini y del Sagrado
Corazón de Jesús. Desde un cierto punto de vista, en al relación entre
liturgia y piedad popular, se delinea la relación entre la Revelación
y revelaciones privadas: la liturgia es el criterio, ésta es la forma
vital de la Iglesia en su conjunto, nutrida directamente por el Evangelio.
La religiosidad popular significa que la fe pone raíces en el corazón
de cada uno de los pueblos; es así que ésta es introducida en el mundo
de la cotidianidad. La religiosidad popular es la primera y fundamental
forma de “inculturación” de la fe, que se debe continuamente dejar orientar
y guiar por las indicaciones de la liturgia; pero que a su vez fecunda
la fe a partir del corazón.
Hemos así pasado de las precisiones más bien negativas, que eran antes
que nada necesarias, a la determinación positiva de las revelaciones
privadas: ¿cómo se pueden clasificar en forma correcta a partir de las
Escrituras?. ¿Cuál es su categoría teológica?. La más antigua carta
de San Pablo que se conserva, tal vez el más antiguo escrito independiente
del Nuevo Testamento, la primer carta a los Tessalonicos, me parece
dar una indicación. El apóstol que dice: “No apaguen el Espíritu, no
desprecien las profecías; examinen cada cosa, tengan lo que es bueno”
(5, 19-21). En cada tiempo se le ha dado a la Iglesia el carisma de
la profecía, que debe ser examinado pero que tampoco puede ser despreciado.
Al respecto es necesario tener presente que la profecía, en el sentido
de la Biblia, no significa predecir el futuro, sino explicar la voluntad
de Dios para el presente y entonces mostrar el camino recto hacia el
futuro. Aquél que predice el porvenir encuentra la curiosidad de la
razón, que desea descorrer el velo del futuro; el profeta se encuentra
con la ceguera de la voluntad y del pensamiento y esclarece la voluntad
de Dios como exigencia e indicación para el presente. La importancia
de la predicción del futuro en éste caso es secundaria. Es esencial
la actualización de la única revelación que me resguarda profundamente:
la palabra profética es advertencia, o también consolación, o ambas
juntas. En éste sentido se puede conectar el carisma de la profecía
con la categoría de los “signos del tiempo”, que ha sido puesta a la
luz por el Vaticano II: “... ¿Sabéis juzgar el aspecto de la tierra
y del cielo, y no comprendéis éste tiempo?” (Lc 12, 56). Por “signos
del tiempo” se debe entender la palabra de Jesús, su propio camino,
el mismo. Interpretar los signos del tiempo a la luz de la fe, significa
reconocer la presencia de Cristo en cada tiempo. En las revelaciones
privadas reconocidas por la Iglesia -luego, también Fátima- se trata
de esto: ayudarnos a comprender los signos del tiempo y a encontrar
para ellos la respuesta justa en la fe.
La estructura antropológica de las revelaciones privadas
Con éstas reflexiones hemos buscado determinar el lugar teológico de
las revelaciones privadas, y antes de empeñarnos en una interpretación
del mensaje de Fátima, debemos todavía brevemente tratar de clarificar
un poco su carácter antropológico (psicológico). La antropología teológica
distingue en éste ámbito tres formas de percepciones o “visiones”: la
visión con los sentidos (o sea la percepción externa corpórea), la percepción
interior y la visión espiritual (visio sensibilis - imaginativa - intellectualis).
Está claro que en las visiones de Lourdes, Fátima, etc., no se trata
de la normal percepción externa de los sentidos: las imágenes y las
figuras que fueron vistas, no se encuentras exteriormente en el espacio
como se encuentran por ejemplo un árbol o una casa. Esto es del todo
evidente, por ejemplo, en lo que respecta a la visión del infierno (descripta
en la primera parte del “secreto” de Fátima) o también la visión descripta
en la tercera parte del “secreto”; pero también se puede demostrar muy
fácilmente por las otras visiones, sobretodo porque no todos los presentes
lo veían, de hecho solo los “videntes”. Así también, es evidente que
no se trata de una “visión” intelectual sin imágenes, como se encuentra
en los altos grados de la mística. Por ello se trata de la categoría
del medio, la percepción interior, que ciertamente tiene para el vidente
una fuerza de presencia que para él equivale a la manifestación externa
sensible.
Ver interiormente no significa que se trata de fantasía, que sería solo
una expresión de la imaginación subjetiva. Más bien significa que el
alma resulta rozada por el toque de alguna cosa de alguna realidad también
supersensible y se vuelve capaz de ver lo que no sensible, lo no visible
a los sentidos - una visión con los “sentidos internos”. Se trata de
verdaderos “objetos” que tocan el alma, si bien éstos no pertenecen
a nuestro habitual mundo sensible. Por esto se exige una vigilancia
interior del corazón, que por lo más no tiene la fuerte presión de la
realidad externa y de las imágenes y pensamientos que llenan el alma.
La persona es conducida más allá de la pura exterioridad, y dimensiones
más profundas de la realidad la tocan, se le vuelven visibles.
Quizás así se pueda comprender por qué son los niños los destinatarios
preferidos de tales apariciones: el alma está todavía poco alterada,
su capacidad interior de percepción está todavía poco deteriorada. “De
la boca de los niños y de los bebés se han recibido alabanzas”, responde
Jesús con una frase del Salmo 8 (v. 3) a la critica de los Sumos Sacerdotes
y de los ancianos que encontraban inoportuno el grito de hosanna de
los niños (Mt 21, 16).
Hemos dicho que la “visión interior” no es fantasía sino una verdadera
y propia manera de verificar; pero comporta también limitaciones. Ya
en la visión exterior está siempre implícito también el factor subjetivo:
no vemos el objeto puro, pues éste llega a nosotros a través del filtro
de nuestros sentidos, que deben cumplir un proceso de traducción. Esto
es todavía más evidente en la visión interior, sobretodo cuando se trata
de realidades que superan por si mismas nuestros horizontes. El sujeto,
vidente, está implicado de un modo todavía más fuerte. El ve con sus
posibilidades concretas, con las modalidades de representación y de
conocimiento a él accesibles. En la visión interior se trata de un proceso
de traducción que se realiza de un modo todavía más amplio que en la
exterior, así que el sujeto es esencialmente partícipe de la formación
de lo que aparece como imágenes. La imagen puede llegar sólo luego de
su medida y sus posibilidades. Tales visiones, por lo tanto, no son
nunca simples “fotografías” del más allá, sino que, además, traen en
sí la posibilidad y los límites del sujeto que percibe.
Esto, que se puede mostrar en todas las grandes visiones de los santos,
naturalmente vale también para las visiones de los niños de Fátima.
Las imágenes por ellos delineadas no son simples expresiones de su fantasía,
sino fruto de una real percepción de origen superior e interior; pero
tampoco podemos imaginar como si por un segundo el velo del más allá
se hubiese corrido y el cielo apareciese en su pura esencialidad, así
como un día nosotros esperamos verlo en la definitiva unión con Dios.
Las imágenes son sobretodo, por así decir, una síntesis del impulso
proveniente de lo Alto y de las posibilidades de las que dispone el
sujeto que percibe, es decir, de los niños. Por este motivo el lenguaje
de imágenes de éstas visiones es un lenguaje simbólico. El Cardenal
Sodano dice al respecto: “... no describen en sentido fotográfico los
detalles de los advenimientos futuros, pero sintetizan y condensan en
su mismo fondo hechos que se distienden en el tiempo, en una sucesión
y duración no precisada”. Esta concentración de tiempos y espacios en
una única imagen es típico de tales visiones que, por lo tanto sólo
pueden ser descifrados con posterioridad. Al respecto, debe tenerse
en cuenta que cada elemento visual no necesariamente debe tener un concreto
sentido histórico. La visión las muestra como juntas, y a partir de
la unión de las imágenes deben ser comprendidas las particularidades.
Cuál es el centro de una imagen se revela finalmente a partir de lo
que es el centro de la “profecía” cristiana en absoluto: el centro es
ahí donde la visión se vuelve llamado y guía hacia la voluntad de Dios.
Una tentativa de interpretación del « secreto » de Fátima
La primera y la segunda parte del “secreto” de Fátima ya fueron discutidas
ampliamente por la literatura relativa, por lo que no deben ser aquí
tratadas una vez más. Querría solo brevemente reclamar la atención sobre
el punto más significativo. Los niños, durante un terrible instante,
experimentaron una visión del infierno. Vieron la caída de las “almas
de los pobres pecadores”. Y ahora se dice por qué fueron expuestos a
ese instante: para “salvarlas” - para mostrar un camino de salvación.
Viene a la mente la frase de la primer carta de Pedro: “la meta de vuestra
fe es la salvación de las almas» (1, 9). Como camino a ésta finalidad
se ha indicado -en forma sorprendente para personas provenientes del
ámbito cultural anglosajón y alemán-: la devoción al Corazón Inmaculado
de María. Para comprender esto puede bastar aquí una breve indicación:
“Corazón”, en el lenguaje de la Biblia, significa el centro de la existencia
humana, la confluencia de razón, voluntad, temperamento y sensibilidad,
en el que la persona encuentra su unidad y su orientación interior.
El “corazón inmaculado” -según Mt 5, 8- es un corazón que, a partir
de Dios, está junto a una perfecta unidad interior y por lo tanto “ve
a Dios”. Por lo tanto, “Devoción” al Corazón Inmaculado de María significa
acercarse a esta actitud del corazón en la cual el fiat -“sea hecha
tu voluntad”- deviene el centro informante de toda la existencia.
Si alguno quisiese objetar que sin embargo no debiéramos interponer
un ser humano entre nosotros y Cristo, entonces se debería recordar
que Pablo no tiene temor de decir a su comunidad: imitadme (1 Cor 4,
16; Fil 3, 17; 1 Tess 1, 6; 2 Tess 3, 7.9). En el apóstol ellos pueden
verificar concretamente que significa seguir a Cristo. ¿De quién podríamos
nosotros aprender mejor en cada tiempo, si no de la Madre del Señor?
Llegamos así finalmente a la tercera parte del “secreto” de Fátima,
que por primera vez fue publicado íntegramente. Como surge de la documentación
precedente, la interpretación, que el Cardenal Sodano ofreciera en su
texto del 13 de mayo, fue primero presentada personalmente a Sor Lucía.
quien ha antes que nada ha observado que -al respecto- a ella le había
sido dada la visión, pero no su interpretación. La interpretación, decía,
no compete al vidente, sino a la Iglesia. Pero ella, después de la lectura
del texto, dijo que ésta interpretación correspondía a lo que ella había
experimentado, y que ella por su parte, reconocía ésta interpretación
como correcta. Es entonces que en cuanto sigue sólo se podrá tratar
de dar un fundamento en forma profunda a ésta interpretación, a partir
de los criterios hasta ahora desarrollados.
Como palabra clave de la primera y de la segunda parte del “secreto”
hemos seleccionado aquella de “salvar a las almas”, así como la palabra
clave de éste “secreto” es el triple grito: “¡Penitencia, Penitencia,
Penitencia!”.
Nos viene a la mente el inicio del Evangelio: “paenitemini et credite
evangelio” (Mc 1, 15). Comprender los signos del tiempo significa: comprender
la urgencia de la penitencia - de la conversión - de la fe. Esta es
la respuesta justa al momento histórico, que está caracterizado por
grandes peligros, los cuales vendrán delineados en las imágenes sucesivas.
Me permito introducir aquí un recuerdo personal: en un coloquio conmigo,
Sor Lucía me dijo que le parecía siempre más claramente como la finalidad
de todas las apariciones la de hacer crecer siempre más en la fe, en
la esperanza y en la caridad - todo el resto intentaba sólo llevar a
esto.
Examinemos ahora un poco más de cerca las simples imágenes. El ángel
con la espada de fuego a la izquierda de la Madre de Dios recuerda imágenes
análogas del Apocalipsis. Ello representa la amenaza del juicio, que
pende sobre el mundo. La perspectiva de que el mundo podría ser incinerado
en un mar de hambre, hoy no aparece absolutamente más como pura fantasía:
el hombre mismo ha preparado con sus invenciones la espada de fuego.
La visión muestra luego la fuerza que se contrapone al poder de la destrucción
- el esplendor de la Madre de Dios, y, proviniendo en un cierto modo
de esto, la apelación a la penitencia. De tal modo se subraya la importancia
de la libertad del hombre: el futuro no está de hecho determinado en
modo inmutable, y las imágenes que los niños vieron no son totalmente
un film anticipado del futuro del que no se podría cambiar nada. Toda
la visión se hace realidad sólo para reclamar sobre el escenario la
libertad y para volverla en una dirección positiva. El sentido de la
visión no es el de mostrar un film sobre el futuro irremediablemente
fijado. Su sentido es exactamente el contrario, el de movilizar las
fuerzas de la transformación en bien. Por esto son totalmente desviadas
las explicaciones del “secreto” que -por ejemplo- dicen que quien atentó
el 13 de mayo de 1.981 habría sido en definitiva un instrumento del
plano divino guiado por la Providencia y que, por lo tanto, no habría
podido actuar libremente, u otras ideas similares que circulan.
La visión habla sobretodo de peligros y del camino para salvarse de
ellos.
Las frases siguientes del texto muestran claramente una vez más, el
carácter simbólico de la visión: Dios permanece en lo inconmensurable
y es la luz que supera cada una de nuestras visiones. Los seres humanos
aparecen como en un espejo. Debemos tener continuamente presente ésta
limitación interna de la visión, y sus confines están aquí visiblemente
indicados. El futuro se muestra solo “como en un espejo, de manera confusa”
(cfr. 1 Cor. 13, 12).
Tomamos ahora en consideración las simples imágenes que siguen en el
texto del “secreto”. El lugar de la acción es descrito con tres símbolos:
una escarpada montaña, una gran ciudad medio en ruinas y finalmente,
una gran cruz de troncos toscos. Montaña y ciudad simbolizan el lugar
de la historia humana: la historia como fatigosa ascensión hacia lo
alto, la historia como lugar de la humana creatividad y convivencia,
pero el mismo tiempo como lugar de las destrucciones, en las cuales
el hombre aniquila la obra de su propio trabajo.
La cuidad puede ser lugar de comunión y de progreso, pero también el
lugar del peligro y de la amenaza más extrema. Sobre la montaña está
la cruz - meta y punto de orientación de la historia. En la cruz, la
destrucción es transformada en salvación; se erige como signo de la
miseria de la historia y como promesa para ella.
Aparecen luego los seres humanos: el obispo vestido de blanco (“hemos
tenido el presentimiento de que fuese el Santo Padre”), otros obispos,
sacerdotes, religiosos y religiosas, y finalmente hombres y mujeres
de todas las clases y estratos sociales. El Papa parece preceder a los
otros, temblando y sufriendo por todos los horrores que lo circundan.
No solo las casas de la cuidad yacen en ruina - su camino pasa en medio
de los cadáveres de los muertos. La calle de la Iglesia es descripta
como un Vía Crucis, como un camino en un tiempo de violencia, de destrucción
y de persecuciones. Se puede encontrar representada en ésta imagen la
historia de un siglo entero. Como los lugares de la tierra son sintéticamente
representados en las dos imágenes de la montaña y de la ciudad y están
orientados a la cruz, así también los tiempos están presentados en modo
contraído: en la visión nosotros podemos reconocer el siglo transcurrido
como siglo de los mártires, como siglo del sufrimiento y de las persecuciones
a la Iglesia, como el siglo de las guerras mundiales y de muchas guerras
locales que han llenado toda la segunda mitad y han hecho experimentar
nuevas formas de crueldad. En el “espejo” de ésta visión vemos pasar
los testigos de la fe de decenios. Al respecto parece oportuno mencionar
una frase de la carta que Sor Lucía escribió al Santo Padre el 12 de
mayo de 1982: “la tercera parte del ‘secreto’ se refiere a las palabras
de Nuestra Señora: ‘De lo contrario (Rusia) esparcirá sus errores por
el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos
serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho por sufrir, varias naciones
serán destruidas’”.
En el Vía Crucis de un siglo la figura del Papa tiene un rol especial.
En su fatigoso subir sobre la montaña, sin dudas que podemos nombrar
diversos Papas que, comenzando por Pío X hasta el actual Papa, han compartido
los sufrimientos de éste siglo y se han esforzado por proceder en medio
de ellos según el camino que lleva a la cruz. En la visión también el
Papa es asesinado en la calle de los mártires. ¿No debía el Santo Padre,
después del atentado del 13 de mayo de 1981, hacer conocer el texto
de la tercera parte del “secreto”, reconociendo su propio destino?.
Él estuvo muy cerca de la frontera de la muerte y él mismo ha explicado
su salvación con las siguientes palabras: “... fue una mano materna
que guió la trayectoria de la bala y el Papa agonizante se paró sobre
el umbral de la muerte” (13 de mayo de 1994). Que una “mano materna”
haya desviado la bala mortal, muestra una vez más que no existe un destino
inmutable, que fe y plegaria son potencias que pueden influir en la
historia y que al final la plegaria es más fuerte que los proyectiles,
la fe más potente que las divisiones.
La conclusión del “secreto” recuerda imágenes que Lucía pudo haber visto
en libros piadosos y cuyo contenido deriva de antiguas intuiciones de
fe. Es una visión consolante, que quiere que una historia de sangre
y lágrimas se vuelva permeable a la potencia sanadora de Dios. Los Ángeles
recogen la sangre de los mártires bajo los brazos de la cruz y riegan
así a las almas que se acercan a Dios. La sangre de Cristo y la sangre
de los mártires son aquí consideradas juntas: la sangre de los mártires
se desliza de los brazos de la cruz. Su martirio se cumple en solidaridad
con la pasión de Cristo, convertida en una sola cosa con ella. Ellos
completan a favor del cuerpo de Cristo, lo que todavía le falta a sus
sufrimientos (cfr. Col. 1, 24). Su vida es convertida ella misma en
eucaristía, inserta en el misterio de la semilla de grano, que muere
y se vuelve fecunda. La sangre de los mártires es semilla de cristianos,
ha dicho Tertulliano. Como de la muerte de Cristo, de su costado abierto,
a nacido la Iglesia, así la muerte de los testigos es fecunda para la
vida futura de la Iglesia. La visión de la tercera parte del “secreto”,
angustiante en su inicio, concluye entonces con una imagen de esperanza:
ningún sufrimiento es en vano, y justo una Iglesia sufriente, una Iglesia
de mártires, deviene en signo indicador para la búsqueda de Dios por
parte del hombre. En las amorosas manos de Dios, no son escuchados solamente
los sufrientes como Lázaro que encontró la gran consolación y misteriosamente
representa a Cristo, que quiere devolver para nosotros al pobre Lázaro;
es cualquier cosa de más: del sufrimiento de los testigos deriva una
fuerza de purificación y de renovación, porque ella es actualización
del mismo sufrimiento de Cristo y transmite en el presente su eficacia
salvadora.
Estamos así ante una última pregunta: ¿Qué significa en su conjunto
(en sus tres partes) el “secreto” de Fátima?. ¿Qué nos dice?. Antes
que nada debemos afirmar con el Cardenal Sodano: “... los acontecimientos
a los que hace referencia la tercer parte del ‘secreto’ de Fátima parecen
ahora pertenecer al pasado”. En la medida en que simples eventos son
representados, ellos ya pertenecen al pasado. Quien estuviera esperando
excitantes revelaciones apocalípticas sobre el fin del mundo o sobre
el futuro curso de la historia, quedará desilusionado. Fátima no nos
ofrece tales calmantes de nuestra curiosidad; como del resto en general,
la fe cristiana no quiere y no puede ser pastura para nuestra curiosidad.
Lo que queda lo hemos visto al inicio de nuestras reflexiones sobre
el texto del “secreto”: la exhortación a la plegaria como camino para
la “salvación de las almas”, y en el mismo sentido, el reclamo a la
penitencia y a la conversión.
¿Quieren por fin retomar otra vez una palabra clave del “secreto” vuelta
justamente famosa: “Mi Corazón Inmaculado triunfará”?. ¿Qué significa?.
El Corazón abierto a Dios, purificado por la contemplación de Dios,
es más fuerte que los fusiles y que las armas de cualquier especie.
El fiat de María, la palabra de su corazón, ha cambiado la historia
del mundo, porque ella ha introducido en éste mundo al Salvador - porque
gracias a esto “Sí” Dios podría volverse hombre en nuestro espacio,
y tal hora queda para siempre. El maligno tiene poder en éste mundo,
lo vemos y lo experimentamos continuamente; el tiene poder, porque nuestra
libertad se deja continuamente apartar de Dios. Pero dado que Dios mismo
tiene un corazón humano y ha vuelto la libertad del hombre hacia el
bien, hacia Dios, la libertad para el mal no tiene más la última palabra.
Desde entonces vale la palabra: “Vosotros tendréis tribulaciones en
el mundo, pero tened confianza; yo he vencido al mundo” (Gv. 16, 33).
El mensaje de Fátima nos invita a encomendarnos a ésta promesa.
Card. Joseph Ratzinger
Prefecto de la Congregación
para la Doctrina de la Fe
HOY
PAPA BENEDICTO XVI
NOTAS
(1) Del diario de Juan XXIII, 17 de agosto de 1959: “Audiencia: P. Philippe,
Comisario del S.O. que me trae la carta contenedora de la tercer parte
de los secretos de Fátima. Me reservo de leerla con mi Confesor”.-
(2) Es para recordar el comentario que el Santo Padre hiciera en la
Audiencia General del 14 de octubre sobre “El evento de mayo: gran prueba
divina” en Enseñanzas de Juan Pablo II, IV, 2, Ciudad del Vaticano 1981,
409-412.
(3) Radio mensaje durante el Rito de Santa Maria Mayor. Veneración,
agradecimiento, encomendación a la Virgen Maria Theotokos, en Enseñanzas
de Juan Pablo II, IV, 1, Ciudad del Vaticano 1981, 1246.
(4) En la Jornada Jubilar de las Familias el Papa confía a la Virgen
los hombres y las naciones, in Enseñanzas de Juan Pablo II, VII, 1,
Ciudad del Vaticano 1984, 775-777.
(5)
(6) En la “cuarta memoria” del 8 de diciembre de 1941 Sor Lucía escribe:
“Comenzó pues mi nueva tarea, y satisfaré las órdenes de V.E.Rev. y
los deseos del Dr. Galamba. Excepto la parte del secreto que por ahora
no me es permitido revelar, diré todo. Voluntariamente, no dejaré afuera
nada. Admito que podrán perdonarme algunos particulares de mínima importancia”.
(7) En la citada “cuarta memoria” Sor Lucía añade: “En Portugal se conservará
siempre el dogma de la fe, etc.”.
(8) En la traducción se ha respetado el texto original también en las
imprecisiones de puntuación, que por otra parte no impide la comprensión
de lo que la vidente ha querido decir.
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